La esperanza de Blas Láiz

Ξ 27 February, 2008 | → | ∇ Personajes |

En enero de 2007 cinco personas, tres musulmanes y dos españoles, se sentaron a discutir sobre el verdadero origen del problema que supone la inmigración africana que llega a España y las posibles vías de actuación para mejorar el entendimiento entre ambas culturas. Fue entonces cuando surgió la Asociación Annur para el Desarrollo y el Entendimiento Hispano Africano con Blas Láiz a la cabeza. “Annur significa Luz en árabe. Nos pareció un nombre muy simbólico para el proyecto que teníamos entre manos”.

A Láiz se le enciende la mirada cuando habla de este proyecto al que está dedicando tanto esfuerzo porque se le brinda la posibilidad de contarle al mundo que aún se puede hacer mucho para ayudar. Este leonés afincado en las Islas Canarias tiene claro que nadie es inmigrante voluntariamente: “la falta de formación, la escasez de trabajo o razones políticas suelen estar entre los motivos por los que una persona decide arriesgar su vida en un difícil camino que concluye con las llegadas de los cayucos”.

Blas Láiz Sallo

Láiz habla con tranquilidad, sus más de 40 años dedicados a la enseñanza y su experiencia como poeta y narrador le han otorgado una envidiable habilidad para contarnos su experiencia y hacernos partícipes de ella. “Cuando decidí ir a ver la situación en Matamaulama en Mauritania sabía que no iba a encontrarme con nada agradable, allí la pobreza no es relativa sino absoluta, no tienen de nada. Llega al extremos de que los niños no van a clase porque no tienen lápices o cuadernos para estudiar.”

“Darles una esperanza de vida, algo con lo que mantener a sus familias, es la única solución a la llegada de cayucos”

 

Matamaulana es un pequeño poblado, a 187 kilómetros al sur de Nuakchot, al que sólo se puede entrar con un todoterreno, y eso lo encarece todo. “Algunos desayunan leche de camella y esa es la única comida que pueden hacer al día, es un lugar donde necesitan ayuda.” Por otra parte, Matamaulana, es un pueblo de sólo 3.000 habitantes, y es uno de los pueblos más avanzados de Mauritania porque tiene luz eléctrica y agua corriente por la noche y hasta las doce para que los médicos puedan conectarse a Internet. Blas Láiz se queda pensativo cuando explica todo lo que necesita un lugar así, “no tienen alcantarillado y sólo con eso se podrían prevenir epidemias, por eso es una de nuestras principales preocupaciones junto a la formación y el vehículo para las emergencias”.

Ahora se siente contento con el trabajo que están realizando, alegre de poder conversar sobre un proyecto arriesgado que comienza a dar sus frutos: se han mandado libros de texto, material escolar, camisetas y medicamentos y se espera poder construir un comedor escolar y un edificio para una cocina, dotar al pueblo de un nuevo depósito de agua, y conseguir el vehículo para el servicio médico de Matamaulana. “Aunque ahora mismo nuestra prioridad es la puesta en marcha del Centro de Formación Profesional. Enseñarles un oficio en el que puedan trabajar mitigaría su necesidad de venir en cayucos. Darles una esperanza de vida, porque los que vienen, lo hacen porque no tienen esperanza en sus países.” Láiz aboga por dar una oportunidad a un pueblo de tradición nómada, que necesita aprender los oficios que puedan mantener los asentamientos que han surgido con los años.

“Cuando me planteé lo que iba a ser en la vida, decidí que prefería dedicarme a ayudar, me pareció que el dinero era demasiado caro. Annur surgió como una deuda que tenía con la vida.” Blas Láiz es de esas personas que confían en que si se cree en algo de corazón y se es consecuente con ello, la vida te abre muchísimas puertas, y no le faltan razones: desde que contrataron al profesor de francés para comenzar con la formación en Matamaulama han podido pagar su salario íntegramente con lo obtenido gracias a su labor como narrador.

Sabe envolverte en la magia de sus palabras mientras conversa y eso lo convierte en un gran orador, no es de extrañar que para él, el entendimiento entre culturas no sólo sea necesario sino posible, “las gentes de buena voluntad se pueden entender”, y no haya encontrado impedimentos culturales, políticos o religiosos para relacionarse con el Sheij -jeque- sufí de Mataumalama, porque ambos tienen las mismas preocupaciones.

Llegó a Canarias hace ya muchos años y reconoce que es un lugar al que tiene mucho cariño, “al fin y al cabo mis hijos han vivido aquí la mayor parte de su vida y mis nietos han nacido aquí, siempre me sentí muy bien acogido y eso es de agradecer”. Su pasión por las personas y por la cultura se nota en sus gestos y el entusiasmo que tiene puesto en la Fundación Blas Sánchez que también preside o en el proyecto La Máquina de los Cuentos en el que participa junto a Alexis Ravelo y Fernando Montecruz. Blaz Láiz es un profesor nato, de esos que tanta falta hacen en nuestra sociedad, porque como él mismo afirma “se levantaba cada día con el pensamiento de enseñar algo a los demás”.

“Cuando crees en algo de verdad, y eres consecuente con lo que dices, se abren muchísimas puertas”

No puede evitar mostrar cuánta ilusión tiene puesta en Annur, un proyecto que surgió de la nada, una pequeña idea de un grupo de personas preocupadas por la dirección que está tomando el enfrentamiento entre culturas y la situación que viven los inmigrantes que llegan cada día a las Islas Canarias arriesgando su vida en los cayucos. “Yo creo en los hombres, en que el mundo puede mejorar y que todos tenemos la obligación de dejarlo un poco mejor que como lo encontramos.” Y algo nos dice que tiene razón, que cuando la ilusión se une con las ganas de ayudar todo es posible y que no son necesarias grandes acciones para aportar nuestro granito de arena.

(basada en una entrevista publicada en el periódico regional La Provincia en Julio de 2007)

Fotografía: MARRERO / La Provincia - Diario de Las Palmas

 

Un comentario a' La esperanza de Blas Láiz '

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  1. buenri dice,

    el día 4 March, 2008 a 9:57 am

    ¿Y se sabe algo más de esta asociación? ¿Cómo les va en la actualidad?

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