Anatomía de la risa
Ξ 21 October, 2008 | → 4 Comentarios | ∇ Sentido Musical |
Madrid, 20 de octubre de 2008 .
Luis Quintana. Libertad 8. 21.30 pm
Aquellos que dicen con singular osadía que todos los cantautores son unos “cantapenas” que viven de sacar a la luz lo más triste de cada de persona seguramente no han estado aún en un concierto de Luis Quintana, pero deberían.
Desenfadado, irreverente y pícaro, este cantautor canario tiene todo lo necesario para engatusar a su auditorio y transformar una pequeña sala en una gran fiesta en la que la Gente Gris no tiene cabida, y en la que la infancia tan bien reflejada en canciones como Antes es capaz de despertar ese niño que todos llevamos dentro.
Luis Quintana no sólo no canta a las penas, sino que uno de sus conciertos puede hacerlas olvidar de raíz. Luis Quintana se crece en el escenario y consigue transmitir ese positivismo que todas sus canciones llevan intrínseco aún cuando algunas hablan de desengaños o amores no correspondidos.
La otra noche en el Libertad 8 escondía su mirada tras ese pelo que comienza a caerle sobre la cara, pero su sonrisa se mantuvo intacta durante las casi dos horas que duró el concierto y es que Quintana no sólo cantó al público asistente sino que unió su voz a la de ellos, mientras algunos reconocían los acordes de Se me da mejor o Suelo casi antes de que comenzaran a sonar.
Mientras las ovaciones retumbaban en el local, Quintana repasó algunos de los clásicos de sus conciertos como Amores de Famarcia o Quien me iba a decir -acompañado en este caso por Marwan, que también aportó su granito de arena con otra de sus canciones-, y no se olvidó de la ya habitual lectura de un texto de Manuel Vicent, autor en el que se ha inspirado para crear temas como Televisión o Hablas de sexo, que no dejan de sorprender con esa magia que tanto le caracteriza.
Se disculpó sin necesidad por la garganta que aún le quedaba tras los conciertos que ha ofrecido este fin de semana en Andalucía, y mientras el público se quedaba mudo cuando el grancanario se desgarraba la voz con las letras de Uxía o conseguía ilusionar una vez más a los asistentes con la magia de Cruce de líneas.
Y encima se le vio radiante, contento, a gusto sobre el escenario, mostrando su versatilidad con los versos traviesos de Entrénate conmigo, que funciona como perfecto puente hacia su “otra carrera”, y animando los coros de Sin las Cortinas que cerraron una noche para recordar.
Fue entonces, cuando un Luis Quintana seductor, entregado y volcado con su música se despedía a las puertas de la medianoche como el más misterioso de los príncipes y no sin antes dejar una cita en el calendario. Una cita que dentro de un mes volverá a acercar a la capital la alegría de sus letras. Señores, preparen su sonrisa, les hará falta.



