Si hay un concierto que me ha removido de verdad, por fuera y por dentro, fue, sin duda, el que el sueco de padres argentinos José González dio en Madrid en la sala Joy Eslava. Un concierto mágico en el que una persona con una guitarra -y una trompeta que de vez en cuando participaba desde la cabina de sonido- consiguieron llenar -y enmudecer- una sala repleta de gente, un concierto que se queda grabado en las púpilas con la magia de canciones como Heartbeats y el millón de luces titilantes del techo del antiguo teatro.
Final del año, reflexiones, miedos ante el nuevo año que comienza, arrepentimientos -o no- por lo que hemos hecho o dejado de hacer en el que termina pero sobre todo un sinfín de momentos, de instantes vividos que se quedan grabados en nuestra consciencia, que pervivirán más o menos tiempo en la memoria, junto con los recuerdos de 2009 y una banda sonora, la de este año que siempre nos traiga a la mente los momentos que pasamos.
Por eso desde Sinestesia queremos hacer un repaso del 2009 en música (tomando una idea de Cartier), en canciones y sonidos que nos han dejado sin respiración durante este año -o al menos los que me han dejado sin respiración a mí, que ya es algo-.
Desde hoy y durante esta semana haré un repaso de aquellas canciones que traen recuerdos imborrables a mi memoria , así que no espereís sólo obras de arte, a veces una canción que nunca hubiésemos escogido, se cuela entre los recuerdos y se queda ahí grabada para siempre.
LA CANCIÓN CON LA QUE MÁS HE BAILADO
Desde que Oprah Winfrey se sorprendió con la increíble Flasmob que los chicos de Black Eyed Peas prepararon con su bailable I gotta feeling, esta canción se convirtió en un símbolo de alegría y buenas vibraciones, y luego más tarde en la banda sonora de un inolvidable viaje a Córdoba, de las compañeras que me acompañaron y de la gente que allí conocí, y es sin duda, la canción con la que más he bailado en el año que termina.
Para los que no han podido ver el momento, rememoramos en Sinestesia el concierto que se hizo en Chicago con motivo de la inauguración de la nueva temporada del programa televisivo de Oprah Winfrey.
Ahora, que por fin el invierno comienza a hacerse notar, que hemos podido sacar los abrigos y que más de uno se ha visto sorprendido por algún que otro repentino aguacero, es el momento para escucharles a ellos, a Bon Iver, casi un buen invierno al alcance de cualquiera, y digo casi porque el nombre es un juego de palabras procedente del francés ”hiver” que significa invierno.
Bon Iver es uno de esos cantautores para escuchar bajo una manta, tumbados en el salón de casa en una tarde de frío o en esos pequeños locales, en conciertos íntimos por los que Justin Vernon y sus chicos se dejan caer. Tras producir de forma independiente su primer album, For Emma, Forever Ago, en 2007, el disco fue elegido albúm del año en 2008 por la revista Uncut y este canadiense promete no parar.
Con Bon Iver, Radio Sinestesia vuelve a ese sonido suave y esos acordes desgarradores, emotivos, a esa voz y guitarra tan peculiares de Fink o José González, pero teñida con los sabores de Iron & Wine y una pizca, quizás, de un Neil Young meláncolico. Skinny Love engancha desde los primeros, acordes, y emociona pero no sólo eso, además este cantautor que dedicó su primer albúm a un primer amor (y no a los últimos como suelen hacer) es capaz de que el indie más meláncolico pase a ser algo pegadizo, un estribillo efectivo de los que se repiten durante todo el día en nuestra cabeza, un retiro -el que necesitó para componer el disco- que no sólo supo a buen invierno, a cabaña y a más de un venado al que cazar, sino también a sea primavera que vino después y que lo acercó al mundo.
Si al principio de 2009, Bon Iver sorprendió con cuatro nuevas canciones, el pasado septiembre vio la luz su último disco Unmap, en el que ha participado ya como parte de Volcano Choir, una exquisita colaboración con al grupo de post-rock Collections of Colonies of Bees.