¿Qué ha significado Internet?
Ξ 17 May, 2010 | → Sin comentarios | ∇ Sentido sinestésico |
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Hoy, lunes 17 de mayo desde hace cinco años se celebra el Día de Internet. Parece obvio todo lo que tenemos que celebrar, sobre todo si nos paramos a pensar en todas las cosas que no seríamos capaces de hacer sin internet, empezando por escribir este blog.
Cuando miro atrás y pienso en el momento en el que internet llegó a mi vida, me cuesta ponerle una fecha exacta y las primeras imágenes que recuerdo de aquello son la revisión del correo electrónico en la sala de ordenadores de la facultad y un intento por participar en los chats de entonces, que me aburrieron pronto, justo por lo contrario por lo que me gusta Twitter, porque nunca encontré gente afín con la que conversar.
Han pasado muchos años desde entonces, muchas ciudades y muchas personas en mi vida, pero internet ha seguido ahí, ocupando cada vez más tiempo en mi rutina diaria y facilitando -o no- mis relaciones con el mundo.
Cuando terminé aquella carrera, mi universidad acababa de incorporar la plataforma virtual donde hablar con compañeros y profesores, mirar las notas o descargar apuntes, ahora algunos de mis profesores retransmiten en streaming el examen final de la asignatura de radio y cuelgan los programas de los futuros periodistas en la web, y lo que a mí me parecía todo un avance se ha convertido en una plataforma básica de las páginas de las universidades.
Han pasado años, pero tampoco tantos, la incorporación de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación a nuestras vidas ha sido imparable y su velocidad impensable si se tiene en cuenta el tiempo que necesitaron otras transformaciones anteriores.
Después de aquellos inicios llegaría mi primer blog, que inauguré a principios del 2006, entonces yo era otra, otra yo y otra en la red, y también mucho más cursi -si ahora no lo soy-. Han pasado cuatro años, que se dice pronto, un tiempo en el que he creado tres blogs más, dos de ellos fallidos -es lo que a veces ocurre con los proyectos colaborativos- y éste, Sinestesia, que curiosamente comenzó con una reflexión sobre límites legales de internet aunque luego haya ido tomando forma, un blog con el que costó arrancar y lo conseguí después de todo un mar de dudas que mi amigo Cartier sufrió.
Son cuatro años en los que comencé a vivir en red, a compartir, a conocer gente maravillosa, y en cierto sentido comencé a ser yo, sin ataduras. Resulta extraño que la tecnología, esa que tantos males iba a traer al mundo, a mí me haya abierto sus puertas.
Gracias a internet conseguí escuchar la música que me gustaba, aunque mis amigos no lo hicieran ni la pusieran en la radio, conseguí tener acceso a películas que las distribuidoras se negaban a traer a Canarias -un detalle que los que defienden que vayamos al cine a menudo pasan por alto-, conseguí leer y conocer a personas con mis inquietudes, con formas semejantes de ver el mundo.
Cuatro años después, puedo decir que soy periodista, que, por ahora, consigo vivir de esto, y que internet tiene mucho que ver con lo que he conseguido y con lo que espero conseguir, con lo que he aprendido y lo que espero aprender, con la profesional que soy y con la que seré -que estoy segura que no será igual-. Me faltarían las palabras para agradecerlo, pero también soy consciente de que esto no ha hecho nada más que empezar.
Cada día surgen nuevas tecnologías, nuevas maneras de hacer las cosas, de hacer periodismo, de conectarse con otras personas, nuevas formas de contar las historias, de disfrutar de la música, del cine, de hablar, de leer, de aprender, de trabajar, nuevas formas de mirar al mundo e incluso de amar.
Estar en internet incluye asumir el riesgo de que no sabemos qué pasará mañana, nos obliga a aceptar el reto de intentar adaptarnos cada día, de evolucionar y crecer a su ritmo, si no queremos quedarnos atrás.
No me gusta llegar al extremo de afirmar que “si no está en internet no existe”, porque, por suerte, aún nos queda mucha vida offline, nos queda vida para rato, nos quedan momentos insustituibles: internet es lo que es, sirve para lo que sirve, pero no deja de ser un añadido a la vida y no un sustitutivo.
Un “añadido” que bien usado puede endulzarla, y mucho.
Nota: He aprovechado para probar Google Search Video Creator, una aplicación del gigante estadounidense, con motivo de la celebración, pero para estas cosas el mundo anglosajón sigue siendo elitista: no acepta ningún tipo de caracteres especiales, ni tildes, ni ñ, ni apertura de exclamación o interrogación. He hecho lo que he podido.




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