Canciones para el recuerdo, canciones que marcan un momento concreto de una vida, canciones que se quedan grabadas para siempre. Así fue Bohême, el disco que Annett Louisan publicó en 2004, un disco para marcar una época y una compañía, y un disco que aún es capaz de recordar todas aquellas emociones con un único clic.
Bohême fue mi primer contacto con la música en alemán -o mi primer contacto consciente-, quitando aquellas canciones ochenteras que una tía materna había intentado enseñarme de pequeña. Bohême vino después, del alemán digo, pero vino para quedarse incluso cuando el alemán permanece guardado en algún cajón y la verdad es que siempre me sonó a francés.
Sí, escuchar por primera vez a Louisan, así, sin prestar atención, puede llevar a la confusión, su voz suave bordea las palabras y las sílabas, llenándolas de emociones, embelleciendo una lengua que sigue siendo reconocida como demasiado gutural desde el mundo hispano, y que que, a mí personalmente, me parece preciosa. Para rematar esta chica se llama Annett, que aunque se parezca demasiado al nombre de procedencia francesa Annette, no lo es.
Das Spiel o “El juego” se deja notar poco a poco, con el ritmo acompasado de sus acordes y la dulzura de la voz de la cantante, una delicia para las tardes de agosto.
Hay pocas mujeres españolas que sean admiradas por su físico y su personalidad tanto por hombres como por mujeres, yElena Anaya (Alatriste, Van Helsing, Lucía y el sexo, Sin noticias de Dios) es una de esas pequeñas hadas. Esa dulzura que la caracteriza hacen que los papeles como el de Ana, la chica a la que interpreta en este cortometraje, le vengan como anillo al dedo. Su compañero Manuel está interpretado por Diego Martín(Días de fútbol, Aquí no hay quien viva).
Ana y Manuel es un enternecedor primer cortometraje de Manuel Calvo que ha cosechado un buen número de premios, aunque como muchos otros cortometrajes pasan desapercibidos para el gran público. Gracias a Jonay Armas, tuve la suerte de disfrutar de este vídeo hace ya varios años, pero me ha parecido oportuno rescatarlo ahora. Un cortometraje colorido, alegre, optimista para un momento de periódicos repletos de noticias pesimistas.
Nota 2: He decidido escribir este post antes de hablar con el mundo, antes de que me hagan ver que mi teoría del final está equivocada, porque quiero conservar esta sensación.
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Se ha acabado, ya no hay más, ni menos, ni posibles soluciones imprevistas, ni más preguntas, se ha acabado Lost, pero hay un millón de respuestas en el aire. Lo sabíamos, los guionistas lo habían advertido, lo habían avisado, no serán respondidas todas las preguntas, y algunos quizás aún esperaban con ingenuidad un final diferente.
Alguien me ha dicho “es el final perfecto para aquellos a los que nos interesa el desarrollo de los personajes más que los cabos sueltos que deja” y no puedo estar más de acuerdo. Me ha gustado, sí, lo reconozco y no me avergüenzo. Me ha gustado el capítulo, me ha gustado el final, me ha gustado Lost. Me han sobrado, eso sí, unos cuántos besos -ni que Lost fuera a resultar un drama romántico-, quizás alguna iglesia, quizás algún regusto moralista mucho más fácil de entender viniendo del país del que viene, pero me ha gustado, así en conjunto.
Ha sido un final perfecto para emocionar a los seguidores de sus seis temporadas, ha habido reencuentros, recuerdos, momentos míticos, héroes que hacía tiempo que merecían su puesto -léase Hurley por supuesto-, disculpas, perdones, miedos, amistad, alguna explicación -pocas sí pero haberlas haylas-, algún sueño, trabajo en equipo, ha habido protagonista y antagonista que siempre lo fueron, desde el primer capítulo casi, se ha cerrado un ciclo.
Se ha cerrado un ciclo de seis años de recorrido, un ciclo que como la vida, vuelve al principio, a la pupila de Jack, al bambú, a solucionar los primeros conflictos, un final redondo, sin suturas, grabado y dirigido con un gusto exquisito, un final repleto de guiños al pasado, a las seis temporadas, adornado con una música suave que envuelve el logo de Oceanic Airlines, allá donde aparece, la misma música que ha rodeado la Isla en los momentos dramáticos, en los finales sublimes.
En internet se suceden las bromas, Hugo Reyes escribe una carta asegurando que desde el 24 de abril a las 5 de la mañana es un actor en paro, y yo ya sé hoy que Lost no morirá, porque seguirá generando teorías y comentarios, porque este final convertirá a la serie en un mito, en una historia que seguirá creciendo en las redes, como lo ha hecho desde el principio.
Probablemente hoy, como muchos, pueda decir que estoy perdida, como lo he estado desde el primer capítulo de la primera temporada, que ya puedo decir que lo estaré siempre, y eso también se lo agradezco a ese final repleto de preguntas sin respuesta, puedo decir que seguiré perdida y que me gusta la idea. Pero ya saben lo que dicen: Live together, die alone.
Hasta siempre, Lost. “Nos vemos en otra vida” – nunca mejor dicho-.
Los actores cuentan cómo se sienten al haber terminado de rodar la serie.