“Al palpar la cercanía de la muerte, vuelves los ojos a tu interior y no encuentras más que banalidad, porque los vivos, comparados con los muertos, resultamos insoportablemente banales.”
Insoportablemente banal me siento hoy, como muchos, pero jamás se me ocurriría llamarle banal, a él, a un grande, gran escritor, gran periodista, gran académico, mejor persona. He pasado todo el día con las lágrimas a punto de desbordarse, y no, no lo conocía personalmente como la mayoría de nosotros, pero igual que cuando murió Benedetti, yo he vuelto a quedarme un poco huérfana, eso sí, acompañada por una sombra literaria que perdurará para siempre.
No importa las cosas que le quedaron por hacer o los huecos que deja, se ha ido Miguel Delibes, su muerte se ha llevado todas las palabras que aquí podría decir, pero por suerte me ha dejado todas las suyas.
Nota: Para los que quieran leerlo, me parece increíblemente brillante, honesto y sincero, de una persona que se conoce a sí misma más que a nada en el mundo, aquí está el texto que escribio para el prólogo de la recopilación de sus obras en el que Delibes reconoce que el cáncer no le mató pero mató su capacidad de escribir.
A flor máis grande do mundo
Juan Pablo Etcheverry, 2006
El Festival de Cine Ecológico de Tenerife ha vuelto a hacernos pensar en un corto que muestra como las combinaciones casi imposibles de artistas también resultan increíblemente sinergéticas: un corto de animación con plastilinas creado por Diego Mallo y Juan Pablo Etcheverry, basado en una historia para niños (y no tan niños) de José Saramago -donde el autor también tiene su papel de narrador-, y con la música de Emilio Aragón se convierte en una especie de cajita mágica que nos permite mirar al mundo desde una perspectiva diferente.
Una película en stop-motion nominada para los Goya en 2007 en la categoría de Mejor Corto de Animación, y premiada en varios festivales de Japón y Canadá, como nos recuerda Saramago en su blog, y una historia escrita desde la sinceridad de un autor que se creía incapaz de escribir para niños y desde ahí es perfectamente capaz de entenderse con ellos. Las cosas pequeñas es lo que tienen, “en su ligereza reside su belleza sin igual“.
El original está en gallego, pero se entiende sin problemas.
Muere un poeta que iluminó la vida de muchas personas (y lo seguirá haciendo)
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Hoy estoy de luto. De verdad y con motivos. Hoy me duele pensar que ya no habrá más poemas de Benedetti, y aunque por supuesto no los haya leido aún todos, me duele saber que ya está, que no habrá más.
Hoy yo, como muchos supongo, no he podido evitar derramar un par de lágrimas con la noticia. Y hoy, Sinestesia (y Érase una vez el caos) se ha puesto de luto, de verdad y con motivos, porque para mí no ha muerto un poeta a sus 88 años, ni un luchador, un gran hombre, un soñador, un apasionado, un idealista, un ser intenso, para mí hoy ha muerto un mito, un padre, hoy me siento un poco huérfana.
Es en estos momentos cuando uno se da cuenta de que, aunque nos pese, no somos inmortales (“Todos sabemos que nada ni nadie habrá de ahorrarnos el final“), pero a Benedetti le gustaba recordarnos que teníamos que aprovechar la vida mientras aún estábamos aquí (“sin embargo hay que vivir como si fuéramos inmortales”). Fue precisamente ahí donde encontró mi admiración, en esa pasión por los sueños, por los ideales, por la honestidad con uno mismo, y con los demás, por el amor, por las personas verdaderas, por la vida.
“¿cuánto me queda?/¿siete? ¿diez? ¿quince setiembres?/¿y qué es después de todo/eso que espera?” preguntaba en sus poemas. Si tenía dudas sobre la respuesta hoy tengo claro que a nosotros nos queda su recuerdo, por encima de todo, y sus letras como bandera. Fue precisamente Benedetti quién escribió que ” en definitiva será el tiempo el que diga dónde es dónde y quién es quién”, y el tiempo y el mundo ya saben quién es Benedetti y con eso nos quedamos.
Nos quedamos con ese “no ser” de Benedetti que “sigue para siempre”, con ese “la vida se clausura en la vida” y es aquí dónde se queda, vivo, entre nosotros sus lectores y sus admiradores, porque al final sabemos que la muerte no es su noche predilecta.
Aquí como homenaje les dejo un video que ya presenté en su momento en Érase una vez el Caos y que refleja bastante bien la idea de que Benedetti y su obra se quedan con nosotros, entre sus letras releidas y sus páginas guardadas.
Hoy sí hay motivos para estar de luto.
Nota: Según las informaciones publicadas, el autor estaba preparando un nuevo libro titulado “Biografía para encontrarme”, esperemos que al menos parte de ese trabajo pueda llegar a ver la luz, así al menos nos quedarían unos versos de despedida.