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	<title>La Butaca Azul &#187; Críticas</title>
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		<title>J. Edgar (Clint Eastwood, 2011)</title>
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		<pubDate>Fri, 03 Feb 2012 22:00:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jonay Armas</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Algunos han querido ver en Clint Eastwood a la figura de un maestro indiscutible, uno de esos privilegiados que rueda una película por año. Cita anual infalible, sin posibilidad de debate o discusión alguna, y a la que parece que haya que encumbrar antes siquiera de haberla visto, por ser su autor el llamado adalid [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://azulinarium.com/labutacaazul/wp-content/uploads/2012/02/JEdgar1.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-2937" title="JEdgar1" src="http://azulinarium.com/labutacaazul/wp-content/uploads/2012/02/JEdgar1.jpg" alt="" width="649" height="370" /></a></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong>Algunos han querido ver en <span style="color: #ffffff;">Clint Eastwood</span> a la figura de un maestro indiscutible, uno de esos privilegiados que rueda una película por año. Cita anual infalible, sin posibilidad de debate o discusión alguna, y a la que parece que haya que encumbrar antes siquiera de haberla visto, por ser su autor el llamado adalid del último resquicio clásico que le queda al séptimo arte, cuando su cine ha dado ya evidentes signos de agotamiento.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong>El conocido autor traslada a la pantalla un delicado personaje como <em>Edgar Hoover</em>, cuya biografía es capaz de relatar dentro de sí tanto la historia de la América del siglo XX como una vida personal difícil y llena de momentos dolorosos. <span style="color: #ffffff;">Eastwood</span> revisita con ello sus temas, abarcando nuevos episodios sobre la historia de su país tanto como de sus obsesiones pasadas (aquí hay un rapto infantil como también lo había en las tramas de <em><span style="color: #ffffff;">El intercambio</span></em> o de <em><span style="color: #ffffff;">Mystic River</span></em>).</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong>El formato panorámico y el plano largo no implican necesariamente la conservación de un cine clásico que tiene aquí más de puramente académico que de pertenencia a una cierta época de la historia. <span style="color: #ffffff;">Eastwood</span> nunca fue un virtuoso de la puesta en escena, pero lo cierto es que sus películas de los últimos años evidencian una falta de atención hacia un elemento visual tan importante. Los personajes aparecen encuadrados en planos vacíos, nunca bajo una decisión dramática o en absoluto estética. El plano siempre está vacío, desarticulado, inerte, y en él sólo hay un actor que se mueve con tanta rigidez con la que se desplaza la cámara.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong>Esto, que ya era una cualidad evidente en el metraje completo de <em><span style="color: #ffffff;">Invictus</span></em>, puede considerarse prácticamente la mayor característica del planteamiento visual de la película. Figuras rígidas y estáticas que recitan inspiradoras palabras. ¿Es eso acaso el <em>cine clásico</em> que tanto se proclama? Pobreza en lo visual, y pobreza de contenidos, pues el drama histórico que genera la trama policial de su protagonista se reduce a una mera sucesión de anécdotas que parecen surgir de la necesidad de hacerlas presentes, en lugar de hacer avanzar una trama que evoluciona con desidia y sin rumbo aparente.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong>En su otra vertiente argumental, la vida personal de <em>Edgar Hoover</em>, la película encuentra algunos de sus más hermosos momentos, en tanto que <span style="color: #ffffff;">Eastwood</span> ha sido siempre un soberbio narrador de los momentos íntimos de sus personajes tanto como de sus sentimientos. Las reacciones de los personajes de <em><span style="color: #ffffff;">Sin perdón</span></em>, o un verdadero testimonio de amor como <em><span style="color: #ffffff;">Los puentes de Madison</span></em> atestiguan el genio de un autor que se encuentra cómodo filmando el interior de sus personajes.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://azulinarium.com/labutacaazul/wp-content/uploads/2012/02/JEdgar3.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-2939" title="JEdgar3" src="http://azulinarium.com/labutacaazul/wp-content/uploads/2012/02/JEdgar3.jpg" alt="" width="649" height="370" /></a></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong>Las cantidades ingentes de maquillaje a la que están sujetos los actores cuando sus personajes alcanzan ya cierta edad se convierten en un escollo para que esos momentos de intimidad cobren verdadera fuerza a través de la presencia actoral y de las reacciones de los intérpretes. Una vez más, la necesidad de la representación veraz ahoga las verdaderas posibilidades expresivas de la cinta.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong>La fuerza del relato gira en torno a un inconmensurable <em><span style="color: #ffffff;">Leonardo DiCaprio</span></em>, sobre el que se sustenta todo el argumento. Apenas hay un solo plano en la película que no esté cimentado en la presencia del actor y en su labor interpretativa. Puede que sea de todas su actuación definitiva, y sin embargo su trabajo evidencia una inevitable verdad, que no es otra que la imposibilidad del actor de transformarse, de adaptarse, de convertirse realmente en el personaje.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong>A diferencia de otros grandes actores de <em>Hollywood</em>, cuando <span style="color: #ffffff;">Leonardo DiCaprio</span> interpreta seguimos <em>viendo</em> a <em>Leonardo DiCaprio</em>, como si sus limitados recursos le imposibilitaran la identificación total con aquello que pretende representar. El abundante maquillaje tampoco ayuda a mejorar la representación, en todo caso a entorpecerla. Quizás una narración más apasionada, una filmación nerviosa hubiese puesto en primer plano el trabajo de un estupendo <span style="color: #ffffff;">DiCaprio</span>, absolutamente entregado al personaje. En ese sentido es <span style="color: #ffffff;">Scorsese</span>, con su manera de filmar y de tratar los materiales que aborda, quien mejor partido ha sabido sacar siempre del actor.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong>Hermosa música (compuesta por el propio <span style="color: #ffffff;">Clint</span>) para una película que bien necesita de ese respiro cálido e intimista que le proporciona su emotiva banda sonora. La excesiva repetición de su tema central, sin embargo, hace que pierda paulatinamente el pulso de una intensidad que se acaba diluyendo en un ensimismamiento exacerbado en la manera de tratar los materiales de los que dispone.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong>Cuando han terminado las dos horas y quince minutos que componen <em><span style="color: #ffffff;">J. Edgar</span></em>, uno no puede evitar formularse algunas preguntas en torno a la duración del filme. La primera es, evidentemente, si es realmente necesaria esa duración desmedida para un repaso histórico que acaba convertido en un anecdotario policial. La segunda es si acaso hay que considerar una película superior a <em><span style="color: #ffffff;">J. Edgar</span></em> simplemente porque su duración es colosal, una regla en la que algunos espectadores creen a ciegas. La tercera es reflexionar sobre lo que ha pasado en esas dos horas largas. Qué ha pasado, qué ha sido contado, qué ha ocurrido, y qué poco de ello quedará en la memoria dentro de unas pocas semanas. </strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://azulinarium.com/labutacaazul/wp-content/uploads/2012/02/JEdgar2.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-2938" title="JEdgar2" src="http://azulinarium.com/labutacaazul/wp-content/uploads/2012/02/JEdgar2.jpg" alt="" width="649" height="370" /></a></p>
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		<title>Albert Nobbs (Rodrigo García, 2011)</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Feb 2012 16:30:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jonay Armas</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://azulinarium.com/labutacaazul/wp-content/uploads/2012/02/Nobbs1.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-2925" title="Nobbs1" src="http://azulinarium.com/labutacaazul/wp-content/uploads/2012/02/Nobbs1.jpg" alt="" width="649" height="370" /></a></p>
<p style="text-align: justify;"><strong><span style="color: #6699ff;">No son pocas las películas de época de los últimos diez años en las que lo importante es el mero hecho de la representación, la vuelta al pasado y la recreación del momento histórico por encima incluso de la propia historia relatada. El drama de época se convierte en un género respetado con un público deseoso de encontrarse de nuevo bajo ese contexto, en el que reinan las tazas de té, las tardes de caza y los hermosos trajes victorianos. Poco importa lo que se cuenta alrededor de ellos.</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong><span style="color: #6699ff;"><em><span style="color: #ffffff;">Albert Nobbs</span></em>, la historia de una mujer que se hace pasar por hombre en la Irlanda del siglo XIX, es un proyecto largamente deseado por la actriz que encarna el papel principal, <span style="color: #ffffff;">Glenn Close</span>, que no ha parado hasta conseguir a un director que tomase las riendas de la película, firmando incluso el guión de la misma junto con <span style="color: #ffffff;">John Banville</span>.</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong><span style="color: #6699ff;">De modo que poco puede hablarse aquí sobre el trabajo de <span style="color: #ffffff;">Rodrigo García</span> en la dirección, tratándose de un simple encargo. Se equivocan los que tildan al filme de película con aires de serial televisivo, pues sus problemas tienen otra raíz muy diferente. En un proyecto en el que este autor, siempre interesante en otro contexto, tiene aquí bien poco que contar y no tiene la libertad creativa para crear siquiera un discurso personal, no caben las críticas ni las valoraciones en torno a una filmografía que se desmarca completamente de este tipo de cintas.</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong><span style="color: #6699ff;">De modo que la película ha sido puesta en pie en base, únicamente, a la fascinación de una actriz por querer interpretar a un personaje, por querer construirlo y ponerlo en escena casi a modo de testamento artístico, como si interpretar a <em>Albert Nobbs</em> simbolizase para <span style="color: #ffffff;">Glenn Close</span> el cénit interpretativo al que cualquier actor pudiese aspirar. ¿Cómo valorar, entonces, una película que es un mero vehículo para admirar las cualidades creativas de un actor?</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong><span style="color: #6699ff;">El mayor escollo para la interpretación de <span style="color: #ffffff;">Glenn Close</span>, sin embargo, no es la ausencia de una historia con fuerza o la mano invisible de un director que sigue con diáfana transparencia los deseos de su actriz principal. La mayor dificultad estriba en un aguerrido maquillaje forzosamente visible para obrar el milagro de la transformación física, una caracterización que limita la expresividad facial de la intérprete y hace más rígida su presencia en la pantalla.</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://azulinarium.com/labutacaazul/wp-content/uploads/2012/02/Nobbs3.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-2927" title="Nobbs3" src="http://azulinarium.com/labutacaazul/wp-content/uploads/2012/02/Nobbs3.jpg" alt="" width="649" height="370" /></a><strong></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong><span style="color: #6699ff;">La actriz es consciente de las limitaciones que genera el abundante maquillaje sobre ella, y centra toda la fuerza expresiva de su sufrido personaje en su mirada y en los gestos que puede transmitir a través de sus ojos. Y qué gestos. Bajo la férrea armadura que impide unos movimientos más flexibles y que prohiben la sutileza en la interpretación, <span style="color: #ffffff;">Glenn Close</span> ofrece finalmente su clase magistral en el momento en que dota de humanidad a un personaje de tan compleja representación.</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong><span style="color: #6699ff;">La historia nunca logrará despegar. El drama es tan contenido, escrito de manera tan lineal aprovechando de manera tan pobre sus escasos puntos de fuga, que el interés acaba centrado únicamente en su personaje central y en su destino incierto. Bondad, esperanza, ingenuidad y soledad son sentimientos presentes durante todo el metraje, una sensación nada impostora que desvela los nobles intereses de la película.</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong><span style="color: #6699ff;">El guión se equivoca simplemente en la manera de focalizar el drama. La historia de <em><span style="color: #ffffff;">Albert Nobbs</span></em> está construida bajo la forma de una simple moraleja, todo queda apuntado, esbozado, únicamente anunciado, pero nunca profundiza en una de sus ramas argumentales, la del personaje femenino que vive la misma situación que <em>Albert Nobbs</em>, allá donde sí podía existir una película apasionante.</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong><span style="color: #6699ff;">Todo está en su sitio en la película, desde una elegante fotografía a una estupenda banda sonora, pasando por una dirección artística o un vestuario sobresalientes. Buena parte de su aspecto remite visualmente a <em><span style="color: #ffffff;">La edad de la inocencia</span></em> (<span style="color: #ffffff;">Martin Scorsese</span>, 1993), naturalmente sólo en un sentido superficial. Lo único que se le puede reprochar a <em><span style="color: #ffffff;">Albert Nobbs</span></em> es la ausencia de una historia a la altura del sacrificio interpretativo de una actriz que ha conseguido un perfecto artefacto para su lucimiento personal, pero no una película de verdad.</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://azulinarium.com/labutacaazul/wp-content/uploads/2012/02/Nobbs2.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-2926" title="Nobbs2" src="http://azulinarium.com/labutacaazul/wp-content/uploads/2012/02/Nobbs2.jpg" alt="" width="649" height="370" /></a></p>
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		<title>Meek&#8217;s Cutoff (Kelly Reichardt, 2010)</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Jan 2012 11:42:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jonay Armas</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El western es tan antiguo como el propio cine. Para contar la historia del séptimo arte habría que sobrevolar la historia del género y esta nos contaría la más absoluta de las verdades. Si el cine efectivamente es movimiento, no hay mejor género que el western para explicar su naturaleza. Hablar del western es hablar [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://azulinarium.com/labutacaazul/wp-content/uploads/2012/01/Meeks1.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-2885" title="Meeks1" src="http://azulinarium.com/labutacaazul/wp-content/uploads/2012/01/Meeks1.jpg" alt="" width="649" height="370" /></a></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong>El <em>western</em> es tan antiguo como el propio cine. Para contar la historia del séptimo arte habría que sobrevolar la historia del género y esta nos contaría la más absoluta de las verdades. Si el cine efectivamente es movimiento, no hay mejor género que el <em>western</em> para explicar su naturaleza.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong>Hablar del <em>western</em> es hablar del cine mudo, de la época dorada de Hollywood y del cine llamado clásico. Hablar de cine es hablar de la muerte de <span style="color: #ffffff;">John Ford</span> y de la llegada de <span style="color: #ffffff;">Antonioni</span>, y de pantallas cuadradas que se convierten en una ventana al mundo y a la historia.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong>Por eso <span style="color: #ffffff;">Kelly Reichardt</span> escoge ese viejo formato, el del encuadre estrecho que remite a un cine que ya no existe, para que sus imágenes dialoguen con un género que parece haberse perdido entre la densa bruma del incierto presente. Y lo hace escogiendo un tema también clásico, el del viaje a la tierra prometida, el del trayecto como experiencia trascendental del cambio y el aprendizaje.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong>Pocos <em>westerns</em> han aparecido en el nuevo siglo capaces de infundir savia nueva al género tanto como de trascender más allá de las ínfulas de un mero entretenimiento vestido de clasicismo. Acaso la más noble y valiente de todas ellas haya sido <em><span style="color: #ffffff;">El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford</span></em> (<span style="color: #ffffff;">Andrew Dominik</span>, 2007), pues recogía la esencia y el clima de un género dado muchas veces por muerto y le ofrecía una providencial continuidad, tal y como si ese lapso de tiempo nunca hubiera tenido lugar. <em><span style="color: #ffffff;">Meek&#8217;s Cutoff</span></em> recoge esa tradición y convierte la película en un ejercicio fílmico de planteamientos extremos y, también, de valientes resultados.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://azulinarium.com/labutacaazul/wp-content/uploads/2012/01/Meeks2.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-2887" title="Meeks2" src="http://azulinarium.com/labutacaazul/wp-content/uploads/2012/01/Meeks2.jpg" alt="" width="649" height="370" /></a></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong>En la manera de entender el cine de <span style="color: #ffffff;">Kelly Reichardt</span> puede encontrarse a <span style="color: #ffffff;">Gus van Sant</span>. Lo importante es filmar el momento, el movimiento, presenciar el trayecto, el travelling proyectado hacia el infinito como herramienta de una narración que tiende a una disolución etérea de reminiscencias espirituales. Detrás de <span style="color: #ffffff;">van Sant</span> está <span style="color: #ffffff;">Béla Tarr</span>, por supuesto, padre de la filosofía de una muerte del cine anunciada no como final sino como necesaria resurrección del medio.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong>El viaje de la caravana filmado en <em><span style="color: #ffffff;">Meek&#8217;s Cutoff</span></em>, con unas familias que avanzan hacia lo desconocido con la promesa de encontrar un lugar mejor, está lleno de silencios. No son otra cosa que la incertidumbre de no saber si el paraíso existe, el presagio del temor a una muerte que acecha durante un camino lleno de inquietudes. El encuentro con un nativo durante el camino plantea el conflicto definitivo para la película: el hecho inevitable de que el itinerario es el que forja al hombre (y a la mujer, pues se trata de una historia de mujeres, de inconmensurables héroes femeninos y de homenaje a la valentía callada que nunca obtuvo recompensa) y que en ese camino se liberan todas las prisiones del alma, barreras del pensamiento aquí simbolizadas en la jaula de un canario o en las ataduras del indio. </strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong>Tal y como ocurría en el <em>western</em> verdadero, es el trayecto el que moldea a los personajes y les hace encontrar su verdadero sentido. El mundo es filmado para recoger su abrumadora infinitud. Ante él, dos maneras de entenderlo: como algo hostil y amenazador, tal y como lo siente la caravana que sólo trata de sobrevivir, o como un motivo de agradecimiento, tal y como lo muestra el nativo al que apresan durante la travesía. En el crepúsculo de un trayecto que marca los espíritus y que hace aflorar lo mejor y lo peor de cada uno en una situación límite, <em><span style="color: #ffffff;">Meek&#8217;s Cutoff</span></em> libera a los personajes de sus pasados y desnuda sus almas. De repente ya nadie es extranjero, no hay colores de piel o idiomas enfrentados. Sólo un deseo compartido de entendimiento.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong>En mitad del viaje, mientras el mito vuelve a forjarse a través de una cámara que recoge la belleza de lo invisible, una <span style="color: #ffffff;">Michelle Williams</span> que vuelve a concebir aquí una actuación descomunal por lo pequeño y sencillo de su personaje y la fuerza impulsora de su interpretación, escudriña al horizonte ya convertida en auténtico héroe, en dueña de su destino, decidiendo si continuar adelante. Su mirada es una de las más intensas y desoladoras del cine contemporáneo. Una mirada que vuelve la vista atrás, al cine del pasado, buscando la manera de convivir con este, preguntándose cómo recoger la herencia de todo lo recibido. El cine le devuelve la mirada.</strong></span></p>
<p><a href="http://azulinarium.com/labutacaazul/wp-content/uploads/2012/01/Meeks3.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-2886" title="Meeks3" src="http://azulinarium.com/labutacaazul/wp-content/uploads/2012/01/Meeks3.jpg" alt="" width="649" height="370" /></a></p>
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		<title>El arte de pasar de todo (Gavin Wiesen)</title>
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		<pubDate>Sun, 22 Jan 2012 16:30:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jonay Armas</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><a href="http://azulinarium.com/labutacaazul/wp-content/uploads/2012/01/Gettingby1.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-2875" title="Gettingby1" src="http://azulinarium.com/labutacaazul/wp-content/uploads/2012/01/Gettingby1.jpg" alt="" width="649" height="370" /></a></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong><em>&#8220;Qué sentido tiene hacer nada, si todos vamos a terminar muriendo&#8221;</em>, dice <em>George</em> (<span style="color: #ffffff;">Freddie Highmore</span>) al principio de la película en una voz en off que introduce el relato, y ahí termina toda la reflexión filosófica. El adolescente entiende que todo su esfuerzo y energías acabarán disipándose hacia ninguna parte, que terminarán desintegrándose y, al comprender un destino final que siente como funesto, la apatía se apodera de él en todos los niveles de su existencia.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong>Si algunos de sus profesores se esfuerzan en conseguir que salve el curso es porque ven en él a un chico con posibilidades que se topa con un dilema existencial en el peor de los momentos. <em>George</em> tiene madera de artista, pero aún no sabe qué tema pintar, no ha encontrado lo que quiere decir. Su complicada situación familiar, conocer a un joven artista que le anima a descubrirse y, sobre todas las cosas, su relación con <em>Sally</em> (<span style="color: #ffffff;">Emma Roberts</span>) que le empuja a salir de su burbuja conformista y le advierte que no está solo del todo.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong><span style="color: #ffffff;">Harrison Ford</span> se hizo célebre en los años ochenta gracias a su presencia en películas de éxito, y lo consiguió con sólo dos muecas como recurso: ese gesto </strong></span><strong style="color: #6699ff;">consternado, con la mandíbula encogida, y la media sonrisa seductora con la que pone la guinda al final de todas sus escenas. <span style="color: #ffffff;">Freddie Highmore</span>, el niño actor convertido ya en adolescente, va por el mismo camino.Una vez perdido el encanto y la permisividad como actor que le otorgaba la niñez, lo único que queda es una imposibilidad gestual manifiesta en un personaje que pide a gritos innumerables matices para ser compuesto con eficacia.</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong>Sus reacciones se repiten, y su contención se convierte pronto en incapacidad, en puro estancamiento. No se trata de una interpretación en sí, sino de una mera aparición en la pantalla. <em>George</em>, el personaje, llora en numerosos momentos del relato, y su llanto es conmovedor. Pero hay que saber distinguir cuándo conmueve el brillo de unas lágrimas impostadas en el actor, y cuándo conmueve la propia actuación. Aquí por desgracia ocurre lo primero.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://azulinarium.com/labutacaazul/wp-content/uploads/2012/01/Gettingby2.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-2877" title="Gettingby2" src="http://azulinarium.com/labutacaazul/wp-content/uploads/2012/01/Gettingby2.jpg" alt="" width="649" height="370" /></a></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong>El personaje de <em>Sally</em> (<span style="color: #ffffff;">Emma Roberts</span>), terriblemente mal escrito, es la guinda que echa a perder una película que, sin dejar de ser un filme romántico al uso, sí que esconde más de un momento y de una idea interesante que no terminan de cuajar en un conjunto mediocre. La permivisidad que parece otorgar el hecho de ser una película adolescente, dirigida a un público poco exigente, convierte la banda sonora en un chiste, la puesta en escena en un arte inexistente y las resoluciones del guión algo intrascendente. Lo que importa es el clima, el mensaje, y no el relato en sí.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong><span style="color: #ffffff;">Gavin Wiesen</span> firma el guión de su primera película como director y deja entrever las buenas intenciones de un cine que cuenta con todo el deseo de plantar la semilla de la felicidad instantánea en el espectador, pero se equivoca con un trabajo insustancial tras la cámara y también con la pluma, relegando su película al más evidente de los tedios. </strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong>Las idas y venidas de una historia de amor mal contada, la facilidad y simpleza de las decisiones de la chica protagonista, las resoluciones facilonas aderezadas con música pop o los lugares comunes del relato adolescente más banal son los elementos que inundan una historia que, por otra parte, guarda en su interior el hermoso mensaje sobre cómo, finalmente, el chico descubre de manera dolorosa y valiente que en el amor, o lo que es lo mismo, en la entrega incondicional hacia otra persona es donde reside el verdadero y único sentido de su existencia.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://azulinarium.com/labutacaazul/wp-content/uploads/2012/01/Gettingby3.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-2878" title="Gettingby3" src="http://azulinarium.com/labutacaazul/wp-content/uploads/2012/01/Gettingby3.jpg" alt="" width="649" height="370" /></a></p>
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		<title>Los descendientes (Alexander Payne, 2011)</title>
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		<pubDate>Fri, 20 Jan 2012 20:30:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jonay Armas</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://azulinarium.com/labutacaazul/wp-content/uploads/2012/01/Descendants11.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-2848" title="Descendants1" src="http://azulinarium.com/labutacaazul/wp-content/uploads/2012/01/Descendants11.jpg" alt="" width="649" height="370" /></a></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong>Las películas de<span style="color: #ffffff;"> Alexander Payne</span> están provistas de hermosos destellos de genio y de un conmovedor humanismo, pero lo más destacable en su manera de hacer cine no son las virtudes más evidentes que desprenden sus filmes, sino lo que permanece invisible: el hablar de una manera trascendente y apasionada sobre historias cotidianas, historias tan sencillas que probablemente no tendrían ningún sabor en manos de cualquier otro autor.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong>Dentro de los necesarios límites que impone lo sencillo, el material que trata <em><span style="color: #ffffff;">Los descendientes</span></em> es con seguridad el de mayor peso en la filmografía de <span style="color: #ffffff;">Payne</span>, un drama de altura en un contexto paradisíaco como Hawaii. Cuando la esposa del personaje principal sufre un accidente mientras navega y queda en coma, el relato hace que se desmorone toda una realidad que no hemos podido conocer. Se nos presenta justo cuando ha comenzado su desintegración. <em>Matt King</em> (<span style="color: #ffffff;">George Clooney</span>) trata de recuperar la relación con sus dos hijas, a las que nunca ha sabido tratar del todo, para enfrentar una situación que no dejará nunca de sobrepasarle.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong>Qué importante resulta para la película ese prólogo en el que se nos ofrece el rostro de una mujer que no aparecerá durante el relato, pero cuyo accidente genera todas las emociones de los personajes y sus posteriores decisiones. Una mujer a la que conocemos cuando ya no puede hablar por sí misma. Qué sentía o qué pensaba son poderosas preguntas que no dejan de formularse mientras la trama avanza inexorable a través de una fantástica adaptación literaria firmada por el propio realizador.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong><span style="color: #ffffff;">Alexander Payne</span> vuelve a revelarse como uno de los mejores guionistas del cine contemporáneo, en tanto que conoce bien qué elementos corresponden a una novela y cuáles corresponden al medio cinematográfico, y cómo traspasar el texto de uno a otro conservando la identidad de aquello que quiere contar. Uno de sus recursos preferidos es la <em>voz en off</em>, aquí aprovechada y utilizada con la sabiduría de quien sabe que esta sólo puede aparecer en momentos concretos.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong>Las habilidades de <span style="color: #ffffff;">Payne</span>, tan abundantes como superficialmente imperceptibles, confluyen juntas en una inevitable certeza que rodea la película, y no es otra que la capacidad para revestir de un humor continuo y nada forzado una historia que parece imposible que no caiga en el más desolador de los dramas. ¿Risa continua desembocando en resoluciones que empujan a la lágrima? Parece una fórmula propia del melodrama más tramposo, la fórmula perfecta para que el espectador viva su soñada montaña rusa de emociones, pero lo cierto es que no ocurre de ese modo, sino mucho más allá. <em><span style="color: #ffffff;">Los descendientes</span></em> suaviza la dureza de lo que cuenta a través de la sonrisa que produce la complicidad con un mundo cotidiano filmado de la manera más conmovedora posible.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://azulinarium.com/labutacaazul/wp-content/uploads/2012/01/Descendants2.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-2850" title="Descendants2" src="http://azulinarium.com/labutacaazul/wp-content/uploads/2012/01/Descendants2.jpg" alt="" width="649" height="370" /></a></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong><span style="color: #ffffff;">George Clooney</span> se ve en la encrucijada de interpretar a un personaje pasivo, que se ve desbordado en todo momento, y cuyo aumento gradual de la dificultad de la situación no hace sino sobrepasarle aún más. No se trata de un personaje mal escrito, pues a <em>Matt King</em> le ha ocurrido una desgracia y le lleva tiempo reaccionar pero eso no implica que se vea empujado a enfrentarse con unas hijas para las que nunca ha tenido tiempo, a hacer las paces con unos problemas de pareja que ya no tienen solución posible o a gestionar la venta del último trozo de tierra virgen de Hawaii que le corresponde por herencia, rama argumental que da nombre a la película.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong>En un personaje complejo y lleno de humanidad, vulnerable y conmovedoramente cercano, <span style="color: #ffffff;">Clooney</span> hace su mejor trabajo, la mejor interpretación de su carrera. Una actuación basada en la contención y en relegar buena parte del protagonismo en el plano a otros personajes, encargado únicamente de asumir unas reacciones portentosamente escondidas. La sutileza de los gestos. Cuando <em>Matt King</em> alza su mirada por encima de un seto para escudriñar sus problemas, la capacidad gestual de <span style="color: #ffffff;">Clooney</span> se revela en todo su esplendor. Su enfado o su derrumbe emocional están presentes de una manera también asombrosa, pero se hacen presentes en el momento adecuado. El matrimonio perfecto entre dirección y actor da lugar al milagro en la pantalla, el milagro de filmar a una persona real y no a un simple personaje.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong><span style="color: #ffffff;">Alexander Payne</span> filma <em><span style="color: #ffffff;">Los descendientes</span></em> a su modo, de una manera que pareciera anodina y sin imaginación alguna, intercalados con momentos en los que las decisiones de planificación resultan magistrales. La realidad es que respeta de manera sagrada lo que ha escrito y filma con sencillez aquellas escenas en las que la historia evoluciona por sí misma pero, como escritor de imágenes, sabe bien que hay momentos que necesitan el impulso de lo visual para ser construidas del todo, y la película posee muchos de esos momentos.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong>La naturalidad de lo filmado frente a la maestría de los momentos importantes, también recubierta de engañosa sencillez, son las armas de un autor convencido de una filosofía de rodaje que otorga una cualidad irregular a sus imágenes. Belleza y simpleza, desorden continuo para conducir a los lugares más hermosos del guión. En ese sentido<em><span style="color: #ffffff;"> Los descendientes</span></em> podría compararse con la manera de entender el cine de <span style="color: #ffffff;">Jean Renoir</span>, filmar la vida tal y como esta se presenta como única manera de recoger la auténtica verdad de aquello que se cuenta.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong>¿Que banda sonora ponerle a un relato como este? La decisión de incluir música hawaiana de autores importantes del archipiélago terminan de darle una identidad propia a la película. Qué importante es esto y qué poco parecen entenderlo muchos autores contemporáneos. Sin un espectro sonoro con identidad propia resulta prácticamente imposible concebir una película verdadera, una que respire el arte de lo auténtico. <em><span style="color: #ffffff;">Los descendientes</span></em> se arriesga, y mucho, al plegar sus imágenes junto a unos sonidos que disuelven el drama, que lo acercan aún más a un retrato de lo cotidiano, y en ese riesgo la película despega del todo, se convierte en una hermosa obra con voz propia.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong><span style="color: #ffffff;">Alexander Payne</span> ha dado nuevamente a luz una película de tono menor, de apariencia displicente y de pretensiones muy alejadas de todas las conquistas que logra a partir de su sencillez y de la belleza que se esconde en lo cotidiano. Si la vida está llena de contradicciones, de momentos tan sublimes como ridículos, al filmar la vida debería ocurrir del mismo modo.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://azulinarium.com/labutacaazul/wp-content/uploads/2012/01/Descendants3.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-2849" title="Descendants3" src="http://azulinarium.com/labutacaazul/wp-content/uploads/2012/01/Descendants3.jpg" alt="" width="649" height="370" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres (David Fincher, 2011)</title>
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		<pubDate>Thu, 19 Jan 2012 20:10:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jonay Armas</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://azulinarium.com/labutacaazul/wp-content/uploads/2012/01/TGWTDT1.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-2837" title="TGWTDT1" src="http://azulinarium.com/labutacaazul/wp-content/uploads/2012/01/TGWTDT1.jpg" alt="" width="649" height="370" /></a></p>
<p style="text-align: justify;"><strong><span style="color: #6699ff;">Ya ha sucedido. La industria de Hollywood ha traspasado la frontera, desesperada por encontrar argumentos sustanciosos y cada vez más reacia a invertir en proyectos que no aseguren una mínima rentabilidad. En esa angustiosa urgencia ya han dejado de importar conceptos como el remake plano a plano o las adaptaciones de cómic de manera desaforada y, lo que es más importante, ha dejado de importar el tiempo que transcurre entre la película original y su remake, o el número de continuaciones que es capaz de ofrecer una saga sin antes agotarse del todo.</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong><span style="color: #6699ff;">La nueva adaptación de la exitosa primera novela de Stieg Larsson perteneciente a la saga <span style="color: #ffffff;"><em>Millenium</em></span> está fechada tan sólo dos años después de la adaptación sueca que dirigiera <span style="color: #ffffff;">Niels Arden Oplev</span>. </span></strong><strong><span style="color: #6699ff;">La campaña de promoción de la película no deja de insistir en la diferencia entre nueva adaptación, basada en un brillante trabajo de <span style="color: #ffffff;">Steven Zaillian</span>, el célebre guionista de <em><span style="color: #ffffff;">La lista de Schindler</span></em>, y alejarse de las posibles comparaciones con su homónima sueca. Como espectadores europeos, sin embargo, es imposible obviar el éxito y la trascendencia de un producto comercial tal como la versión sueca de las novelas, sobre la historia de un <strong>excelente </strong>investigador  que intenta resolver la desaparición de una niña.</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong><span style="color: #6699ff;">No es fácil acercarse, pues, a la película de <span style="color: #ffffff;">David Fincher</span> sin la sensación latente de que se trata de una segunda versión, de un remake encubierto, de la adaptación americana de una película de éxito en las afueras que ahora se importa bajo los exquisitos retales de una producción de altos vuelos. Sí es cierto que <span style="color: #ffffff;">Zaillian</span> condensa la monumental novela de una manera elogiable, pero como resultado puede afirmarse que, al comparar una película con otra, no todas las decisiones de adaptación, o resolución, son favorables a la versión americana. Es esto quizás lo peor que se pueda decir de este producto a todas luces impecable, teniendo en cuenta que la película sueca no dejaba de ser bastante mediocre.</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong><span style="color: #6699ff;">El sello técnico del filme es desde luego abrumador, pues cuenta prácticamente con el equipo al completo que hizo posible <em><span style="color: #ffffff;">La red social</span></em>, una auténtica obra maestra, especialmente un <span style="color: #ffffff;">Jeff Cronenweth</span> que, como director de fotografía, ha hecho más por definir la estética del cine de <span style="color: #ffffff;">Fincher</span> que los colosales trabajos que hicieran en su momento <span style="color: #ffffff;">Darius Khondji</span> o <span style="color: #ffffff;">Harris Savides</span> en otras cintas del realizador. Sólo se echa en falta a <span style="color: #ffffff;">Aaron Sorkin</span>, nadie escribe diálogos punzantes, densos, poderosos y sencillos de la forma que lo hace el oscarizado escritor. <span style="color: #ffffff;">Steven Zaillian</span> no es <span style="color: #ffffff;">Aaron Sorkin</span>. </span></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://azulinarium.com/labutacaazul/wp-content/uploads/2012/01/TGWTDT2.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-2839" title="TGWTDT2" src="http://azulinarium.com/labutacaazul/wp-content/uploads/2012/01/TGWTDT2.jpg" alt="" width="649" height="370" /></a></p>
<p style="text-align: justify;"><strong><span style="color: #6699ff;">¿Puede hablarse de <em>película menor</em>, admirando este cartel? De lo que puede hablarse es de obra intrascendente en tanto que se trata de un encargo comercial, que nada tiene que ver con las aspiraciones reales de un <span style="color: #ffffff;">Fincher</span> que está ya bien lejos del género de asesinos en serie, pero nunca de <em>película menor</em>. Se trata de una fantástica cinta que, sin embargo, no sabe desprenderse nunca del lastre de haber metido mano a una novela popular que ya contaba con un referente audiovisual no sólo muy cercano en el tiempo sino fuertemente arraigado en el espectador medio. El fantasma de la adaptación anterior empaña las conquistas que quiere perseguir este nuevo filme.</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong><span style="color: #6699ff;">El sobrevalorado equipo musical que forma el tándem <span style="color: #ffffff;">Trent Reznor</span> – <span style="color: #ffffff;">Atticus Ross</span> firma una estupenda música para la escucha en un equipo doméstico, pero entrega aquí una banda sonora que repite motivos y ambientes de un trabajo muy superior, el de <em><span style="color: #ffffff;">La red social</span></em>, empeñados además en que cada escena tenga su propia cualidad sonora y que por tanto ningún tema sea repetido durante la película. El resultado es una intrascendente banda sonora de treinta y nueve cortes. Lo realmente interesante es que los músicos firman también un trabajo de sonorización escapa a la labor musical y que es culpable del excelente clima, tenso y caótico, que es capaz de destilar la película casi en todo su metraje.</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong><span style="color: #6699ff;">La capacidad gestual de un actor de rostro rudo como <span style="color: #ffffff;">Daniel Craig</span> demuestra, en una actuación plena de elogiables matices, que admirarle o detestarle es una cuestión puramente subjetiva, pues ofrece no pocas razones para considerarle como uno de esos pocos intérpretes capaces de sostener la fuerza visual de todo un proyecto con su sola presencia en pantalla.</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://azulinarium.com/labutacaazul/wp-content/uploads/2012/01/TGWTDT3.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-2840" title="TGWTDT3" src="http://azulinarium.com/labutacaazul/wp-content/uploads/2012/01/TGWTDT3.jpg" alt="" width="649" height="370" /></a></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong>Pero el descubrimiento desde luego es <span style="color: #ffffff;">Rooney Mara</span>, quien ya deslumbrase en La red social con su breve escena, prólogo de aquella película. Aquí despliega todos sus recursos, y no deja de llamar la atención, en alguien tan joven, el hecho de mostrar una contención que evidencia hasta qué punto puede controlar sus gestos o sus reacciones, y que sabe combinar, al mismo tiempo, esa capacidad con una entrega física demoledora. Su creación de un personaje tan complejo y difícil como <em>Lisbeth Salander</em>, quizás el mejor personaje del género policíaco de los últimos diez años, es la más poderosa muestra posible del talento que posee una promesa de futuro como ella. La sutileza de sus gestos y la explosión de estos, el más hermoso motivo para enfrentarse como espectador al encargo de <span style="color: #ffffff;">Fincher</span>.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><strong><span style="color: #6699ff;">Quizás la mayor diferencia entre las dos películas que existen sobre la novela sea este, el interpretativo. La desigualdad radica en que la película sueca transformó a dos actores oportunistas y mediocres en auténticos parásitos del star-system, que pululan ahora por un Hollywood muy dado a reciclar actores de segunda fila amparados por el empuje comercial de una de sus apariciones en pantalla. Mientras en la versión sueca el choque entre los dos protagonistas resultaba anodino y rutinario, aquí ocurre todo un enfrentamiento actoral. La película de <span style="color: #ffffff;">David Fincher</span> termina siendo superior a su homónima sueca no tanto a nivel visual como por esta diferencia interpretativa.</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong><span style="color: #6699ff;">Pero es evidente que, en un ejercicio de reduccionismo, de simplificación que termina convertida en simplismo, <span style="color: #ffffff;">Steven Zaillian</span> ha pecado de imponer su propio ego a la adaptación cinematográfica de un material ampliamente conocido. En muchos momentos de la trama, todo se paraliza para obligarnos a rendir pleitesía al talento del guionista. Que algunas resoluciones de la trama resulten más satisfactorias en la otra película es definitivamente la peor muestra de una industria que no se cansa de su eterna infamia, la de adaptar impunemente los éxitos de otras cinefilias, siempre bajo el inevitable tono de superioridad que da la certeza de que ellos pueden hacerlo mucho mejor.</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://azulinarium.com/labutacaazul/wp-content/uploads/2012/01/TGWTDT4.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-2838" title="TGWTDT4" src="http://azulinarium.com/labutacaazul/wp-content/uploads/2012/01/TGWTDT4.jpg" alt="" width="649" height="261" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>El niño de la bicicleta                                  (Jean-Pierre Dardenne, Luc Dardenne, 2011)</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Jan 2012 22:30:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jonay Armas</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En 1948 Vittorio de Sica rodaba El ladrón de bicicletas, una de las obras culminantes del neorrealismo italiano. Como si el personaje de aquella película se hubiera reencarnado en Cyril, el niño protagonista del filme de los hermanos Dardenne se aferra a su bicicleta para librar la mayor de sus batallas: encontrar a un padre [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://azulinarium.com/labutacaazul/wp-content/uploads/2012/01/GaminVelo1.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-2819" title="GaminVelo1" src="http://azulinarium.com/labutacaazul/wp-content/uploads/2012/01/GaminVelo1.jpg" alt="" width="649" height="370" /></a></p>
<p style="text-align: justify;" align="JUSTIFY"><strong><span style="color: #6699ff;">En 1948 <span style="color: #ffffff;">Vittorio de Sica</span> rodaba <em><span style="color: #ffffff;">El ladrón de bicicletas</span></em>, una de las obras culminantes del neorrealismo italiano. Como si el personaje de aquella película se hubiera reencarnado en <em>Cyril</em>, el niño protagonista del filme de los hermanos <span style="color: #ffffff;">Dardenne</span> se aferra a su bicicleta para librar la mayor de sus batallas: encontrar a un padre que le ha abandonado y que no ha dejado rastro alguno.</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;" align="JUSTIFY"><strong><span style="color: #6699ff;">Nace así la película más luminosa de los realizadores, una película sobre un niño al que la vida niega la posibilidad de volcar en alguien su amor incondicional. El filme se convierte en trayecto, en vertiginosa carrera, en huída constante pero siempre en una huída hacia adelante, en la incansable búsqueda de alguien que sí acepte recoger y devolver todo ese afecto.</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;" align="JUSTIFY"><strong><span style="color: #6699ff;">El filme se mueve en el contexto propio de los autores, que conciben el mundo como un lugar lleno de trampas y engaños, un universo en el que sólo el más fuerte sobrevive. No hay lugar para las ilusiones, ni para el gesto gratuito. Todo encierra una segunda intención, y los personajes protagonistas sufren siempre las consecuencias de una fábula de funesta resolución. Lo que diferencia a <em><span style="color: #ffffff;">El niño de la bicicleta</span></em> del resto de la filmografía de los<span style="color: #ffffff;"> Dardenne</span> es su calidez, la cercanía hacia un cine con ciertos aires narrativos y un discurso menos amargo de lo habitual.</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;" align="JUSTIFY"><strong><span style="color: #6699ff;">La sociedad queda retratada como un lugar en el que nadie es capaz de pensar más que en sí mismo y en sus propios beneficios, y culpa a esta mentalidad como fuente de todos los males del presente. El foco queda centrado en la generación de los padres de <em>Cyril</em>, incapaces de asumir cualquier tipo de responsabilidad, incapaces nuevamente de pensar en otra cosa que no sea ellos mismos. El personaje de <em>Samantha</em>, conmovida por el abrazo fortuito del niño, representa la esperanza: aquella persona que elige el compromiso como respuesta ante la indefensión del pequeño.</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;" align="JUSTIFY"><strong><span style="color: #6699ff;"><em>Cyril</em> lucha, grita, se rebela, muerde, corre, intenta sobrevivir. Y sobrevivir, para él, no es otra cosa que encontrar no tanto un lugar donde sentirse amado, sino la urgencia de encontrar en quién depositar un amor que le quema en su interior de manera insoportable. ¿Puede haber mayor y más tierna muestra de humanidad? El niño aún no sabe poner esos sentimientos en palabras, lo cual genera toda la crisis del relato. Hay una necesidad latente, pero resulta imposible darle un nombre todavía. Lo difícil en la película será reconocerse en él, y no en los adultos.</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;" align="JUSTIFY"><a href="http://azulinarium.com/labutacaazul/wp-content/uploads/2012/01/GaminVelo2.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-2821" title="GaminVelo2" src="http://azulinarium.com/labutacaazul/wp-content/uploads/2012/01/GaminVelo2.jpg" alt="" width="649" height="370" /></a></p>
<p style="text-align: justify;" align="JUSTIFY"><strong><span style="color: #6699ff;">El amor de <em>Samantha</em>, que se erige como auténtico faro en el interior de una película en la que reina la más absoluta oscuridad, genera primero una autodestrucción en tanto que <em>Cyril</em> debe aceptar primero que está completamente solo ante el mundo. Un amor que supone una muerte y resurrección, acontecimiento que se transforma en literal a lo largo del relato.</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;" align="JUSTIFY"><strong><span style="color: #6699ff;">Beethoven de nuevo presente en una película de los<span style="color: #ffffff;"> Dardenne</span>. El destino funesto. La ausencia de gracia conocida antes incluso de comenzar la fábula. Esta vez el Quinto Concierto para Piano, el <em>Emperador</em>, pero sólo algunas notas correspondientes a la introducción del segundo movimiento, antes de que el piano pueda siquiera entonar una sola nota. Tal como en la película, la insalvable gravedad de lo que ocurre alrededor impide al chico entonar su propia voz. La música escogida por los hermanos directores nuevamente resuena a lo largo de la película, utilizada a modo de bisagra y sólo en determinados puntos de la historia, pero siempre resulta reveladora.</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;" align="JUSTIFY"><strong><span style="color: #6699ff;">Cuando su padre reconoce delante del niño que no quiere volver a verlo, <em>Cyril</em> se marcha en su bicicleta. No vuelve atrás, sino que viaja a ninguna parte. Huye de su propia infancia, escapa de sus fantasmas, abandona su angustia y por fin es consciente de que se encuentra frente al abismo. Su decisión es vivir, pedalear lo más fuerte posible. De repente, en el plano más hermoso de todos los que han acontecido en este año de cine, el chico pedalea sin motivo y sin destino, sin idea y sin esperanza, hasta que por el camino logra encontrarse a sí mismo.</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;" align="JUSTIFY"><strong><span style="color: #6699ff;">En ese momento,<em><span style="color: #ffffff;"> El niño de la bicicleta</span></em> no está lejos de <em><span style="color: #ffffff;">Los 400 golpes de Truffaut</span></em> ni de su travelling final, muy cercano al que ha sido filmado aquí. Como en aquella película, como en la vida, encontrarse de bruces con el vacío de una realidad que espera al ser humano para llenarse de esperanza resulta devastador. Nada hay más que el amor entre dos iguales, entre dos seres que ya no tienen nada, y en esa soledad, en esa muerte y resurrección, aparece la última y definitiva de las verdades, la más triste de todas: cuando una persona no es amada, huye.</span></strong></p>
<p align="JUSTIFY"><a href="http://azulinarium.com/labutacaazul/wp-content/uploads/2012/01/GaminVelo3.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-2820" title="GaminVelo3" src="http://azulinarium.com/labutacaazul/wp-content/uploads/2012/01/GaminVelo3.jpg" alt="" width="649" height="370" /></a></p>
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		<title>El Havre (Aki Kaurismäki, 2011)</title>
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		<pubDate>Fri, 06 Jan 2012 20:30:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jonay Armas</dc:creator>
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		<description><![CDATA[No son pocas las veces que los cinéfilos han soñado encontrarse con el Antoine Doinel de Los 400 golpes de Truffaut en su vejez. Fantasear con una nueva historia de aquel niño que buscaba su propia libertad personal, convertido ahora en un anciano. Teorizar sobre relatos derivados de aquella obra es el equivalente a imaginar [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><a href="http://azulinarium.com/labutacaazul/wp-content/uploads/2012/01/Havre1.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-2797" title="Havre1" src="http://azulinarium.com/labutacaazul/wp-content/uploads/2012/01/Havre1.jpg" alt="" width="649" height="370" /></a></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong>No son pocas las veces que los cinéfilos han soñado encontrarse con el <em>Antoine Doinel</em> de <span style="color: #ffffff;"><em>Los 400 golpes</em></span> de <span style="color: #ffffff;">Truffaut</span> en su vejez. Fantasear con una nueva historia de aquel niño que buscaba su propia libertad personal, convertido ahora en un anciano. Teorizar sobre relatos derivados de aquella obra es el equivalente a imaginar nuevos mitos que partan de la <em>Odisea</em> de Homero en un contexto puramente cinematográfico.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong>Así entiende el cine de <span style="color: #ffffff;">Aki Kaurismäki</span>, un constante qué pasaría si, un interrogante continuo sobre la historia del cine, con un argumento propio como pretexto, como simple juguete, como mecanismo articulador de las preguntas que <span style="color: #ffffff;">Kaurismäki</span> se hace a sí mismo, no tanto como cineasta sino como diálogo con el pensamiento de cualquier cinéfilo.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong>No es la primera vez que el director finlandés atribuye a las profesiones del hombre una personalidad concreta, como si estas viniesen definidas por aquellas, y a la vez se empeña en filtrar la universalidad de ciertos sentimientos. La alienación de las personas en el mundo contemporáneo al mismo tiempo que una esperanza ciega en el ser humano.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong>Un frutero abre su tienda antes de las primeras luces. Un vigilante nocturno descubre un vagón en el que han viajado una docena de emigrantes africanos. Un guardia registra el suceso con una actitud meramente burocrática, mientras que un policía judicial se pregunta dónde se encuentra la verdadera justicia. Y entonces el niño, escondido en el vagón, irrumpe con fuerza en el relato y a través de todos los trabajos posibles, de los que irá participando durante la película, grita a través de su silencio una verdad sin palabras. La profesión no revela el valor de los hombres. </strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong>Cuidado, porque al autor le importa poco el relato. La puesta en escena lo evidencia, pues la filmografía del realizador siempre ha preferido mostrar los acontecimientos de una manera contenida, distanciada, por mucho que algunos de sus primeros planos remitan a <span style="color: #ffffff;">Bergman</span>. Se trata de un juego, de un divertimento que deriva en una historia de buenas intenciones de una manera casi accidental. Desenfado e ínfulas de trascendencia al mismo tiempo, el alimento perfecto de los cinéfilos más entusiastas. </strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><a href="http://azulinarium.com/labutacaazul/wp-content/uploads/2012/01/Havre2.jpg"><span style="color: #6699ff;"><img class="aligncenter size-full wp-image-2799" title="Havre2" src="http://azulinarium.com/labutacaazul/wp-content/uploads/2012/01/Havre2.jpg" alt="" width="649" height="354" /></span></a></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong>Y en esa trampa de un cine bienintencionado es donde cae la equivocada idea de que <span style="color: #ffffff;"><em>El Havre</em></span> es una obra maestra. Es fundamental comprender que no se trata de una película inteligente, sino de un director que cuenta con tal sencillez sus historias que hace sentir inteligentes a quienes contemplamos el relato. La película se vuelve entonces condescendiente, ya no importa lo que se cuenta, sino que en lo contado todos salgan beneficiados, tanto el público como su autor.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong>Cabe preguntarse, si no, el porqué de esas sonrisas cómplices ante una convencional historia de idas y venidas. <span style="color: #ffffff;"><em>El Havre</em></span> le da al espectador una experiencia que acaba siendo intrascendente, no exige de él ninguna reflexión posterior más allá de identificarse con el héroe protagonista durante el metraje.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong>¿Qué queda entonces de ese cine que impulsa a pensar de nuevo en las imágenes que hemos visto, de ese cine auténtico que nos empuja a encontrar su significado en lo más profundo de nosotros? ¿Qué valor tiene, acaso, encumbrar una película sólo por el renombre de quien la firma, porque haya recibido un premio importante o porque alguien sentenció que era una película imprescindible? Es importante valorar lo hermoso, pero es aún más importante la valentía de diferenciar entre una buena película y el grito efusivo, inmediato y poco reflexivo de proclamar cualquier filme como una obra maestra.  </strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong>Pero cuidado también, pues no se trata de una película inofensiva. <span style="color: #ffffff;"><em>El Havre</em></span> está fragmentada y dispersa, su argumento avanza a trompicones, con cierta desidia y con cierta torpeza, disfrazada de la frialdad narrativa de su director, como quieren verlo algunos. En ella sin embargo, hay momentos de una belleza que, precisamente por la sencillez de lo narrado, adquieren un color especialmente hermoso. La presentación del niño al salir del vagón, el primer encuentro en las escaleras del puerto entre el niño y el protagonista, el concierto que el director siempre incluye en sus películas con cualquier pretexto o la humanidad de algunos de sus personajes.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong><em>Debido a mi profesión, no suelo caer bien</em>, dice el policía judicial. En <span style="color: #ffffff;">Kaurismäki</span>, nadie es tan malo como parece, y todo el mundo tiene una segunda oportunidad. El cine se convierte en el paraíso redentor para las almas perdidas. Incluso para <em>Antoine Doinel</em>. </strong></span></p>
<p><span style="color: #6699ff;"><a href="http://azulinarium.com/labutacaazul/wp-content/uploads/2012/01/Havre3.jpg"><span style="color: #6699ff;"><img class="aligncenter size-full wp-image-2798" title="Havre3" src="http://azulinarium.com/labutacaazul/wp-content/uploads/2012/01/Havre3.jpg" alt="" width="649" height="370" /></span></a></span></p>
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		<title>Drive (Nicolas Winding Refn, 2011)</title>
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		<pubDate>Wed, 28 Dec 2011 22:30:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jonay Armas</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Basta enfrentarse a la primera escena de Drive para saber que algo importante está ocurriendo. La huída después de un robo. Encontrarse de súbito con un trabajo de fotografía soberbio en una escena nocturna tan difícil de iluminar y con una labor de montaje al que se le pueden atribuir no pocos elogios. A partir [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://azulinarium.com/labutacaazul/wp-content/uploads/2011/12/Drive1.jpg"><img title="Drive1" src="http://azulinarium.com/labutacaazul/wp-content/uploads/2011/12/Drive1.jpg" alt="" width="649" height="370" /></a></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong>Basta enfrentarse a la primera escena de <em><span style="color: #ffffff;">Drive</span></em> para saber que algo importante está ocurriendo. La huída después de un robo. Encontrarse de súbito con un trabajo de fotografía soberbio en una escena nocturna tan difícil de iluminar y con una labor de montaje al que se le pueden atribuir no pocos elogios. A partir de él nace un ritmo contenido, dueño siempre de esa intensidad hiriente que vive en todas sus imágenes.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong>Quizás la mayor virtud del filme sea que se trata al mismo tiempo de una rara avis y de un compendio de retazos de otros cines, otras cinefilias de las que bebe y de unas atmósferas de las que se apodera sin pudor alguno. El pulso férreo con el que todo está rodado cohesiona todas esas referencias externas, formando una identidad personal. <em><span style="color: #ffffff;">Drive</span></em> tiene una fuerte identidad personal, un espíritu propio, y en ella se respira un aroma diferente.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong>¿Quién es ese conductor? ¿Qué cosas ha vivido antes? Unas escenas a plena luz del día nos muestran su trabajo en un taller mecánico, sus colaboraciones como especialista en rodajes, una vida apacible. Pero la noche transforma al hombre en anti-héroe, y el coche pasa a ser un instrumento de poder, un camino hacia la inmortalidad.</strong></span></p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-2786" title="Drive2" src="http://azulinarium.com/labutacaazul/wp-content/uploads/2011/12/Drive2.jpg" alt="" width="649" height="370" /></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong>Es posible que la escena que define toda la película sea ese magistral momento que ocurre en el interior de un ascensor. Primero, el más hermoso de los besos entre los protagonistas. Acto seguido, el hombre ataca con furia a la tercera persona que ocupa el ascensor, convencido de que ha venido a acabar con ellos. Violencia desmedida y amor sublime en el mismo espacio, respirando juntos en apenas unos segundos de tiempo cinematográfico. ¿Puede haber mayor cambio de registro, y sin embargo puede existir a la vez una naturalidad mayor para hacerlos convivir?</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong>El anti-héroe, el western moderno. <span style="color: #ffffff;">John Wayne</span>, por supuesto. <span style="color: #ffffff;">Steve McQueen</span>, desde luego. <em><span style="color: #ffffff;">Bullit</span></em>, sí, pero con alma propia. Incluso el sabor del <em><span style="color: #ffffff;">Terciopelo azul</span></em> de <span style="color: #ffffff;">David Lynch</span>, a la que remite siempre esa fotografía nocturna y esa omnipresente y alucinada música de <span style="color: #ffffff;">Angelo Badalamenti</span> contra la que choca constantemente la potencia de unas imágenes desbocadas.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong>La huída y el placer de la carrera. El héroe sin nombre que se entrega a la carretera y a las personas que la pueblan sin que parezca importarle su propia vida. Nunca conoceremos sus motivaciones, sólo sus actos, como si el mundo fuese un lugar hostil en el que uno sólo puede salvarse dedicando su vida al resto. Tal y como en nuestra propia realidad, nunca sabremos qué piensan ellos o de dónde vienen sus razones, sólo nos encontraremos con los actos conscientes de lo que han vivido. <em><span style="color: #ffffff;">Drive</span></em> cura su falta de comunicación con brutales dosis de violencia, a la manera de un grito de rebeldía o de inconformismo como reacción solitaria ante la injusticia.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong>En el fondo no hay absolutamente nada nuevo, como pudiera ocurrir en el cine de <span style="color: #ffffff;">Tarantino</span>. La mayor virtud de la película es que sabe utilizar recursos cinematográficos casi prehistóricos y ofrecerles una nueva oportunidad, a partir de una medida y elaborada vuelta de tuerca.  Nada en <em><span style="color: #ffffff;">Drive</span></em> resulta forzado y sin embargo todo es impostura. Que no confunda la gravedad de lo que ocurre, es todo un divertimento. Ya lo anunciaba su excéntrica tipografía en los títulos de crédito, su despreocupada música. Las personas sufren y el cine transforma ese dolor en coreografía, en poema sinfónico.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://azulinarium.com/labutacaazul/wp-content/uploads/2011/12/DriveHopper.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-2897" title="DriveHopper" src="http://azulinarium.com/labutacaazul/wp-content/uploads/2011/12/DriveHopper.jpg" alt="" width="649" height="370" /></a></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong>Y de eso tiene mucho este filme, de sinfonía inconclusa, de canto del cisne, de última voluntad, de grito desesperado, de pincelada ingobernable, de idea poderosa que brilla con total intensidad durante un instante para luego desvanecerse en la oscuridad. La fugacidad de <span style="color: #ffffff;"><em>Drive</em></span> es la de apenas un suspiro, pero su huella permanece y sobrecoge.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong><span style="color: #ffffff;">Nicolas Winding Refn</span> firma una obra destinada a perdurar. No es un testamento escrito con delicada pluma. Asistimos más bien a unas nerviosas pinceladas que se escapan más allá del lienzo. La obra emite un pequeño destello, como una estrella fugaz, y de repente el deseo se ha cumplido: el cine aún puede sorprender, incluso plegándose a los moldes argumentales y plásticos de lo contemporáneo.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong><span style="color: #ffffff;">Ryan Gosling</span> convertido en <em>Excalibur</em>, espada forjada para las mayores y más nobles hazañas de los hombres, condenados a vivir eternamente bajo el fuego de sus infamias. Poderosa actuación, definitiva creación. El actor, preso de un personaje cerrado y nada expresivo, transmite su desesperada indefensión a través de una mirada transparente que no deja de temblar.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong><span style="color: #ffffff;"><em>Drive</em></span> encierra todo el temor y la incertidumbre de nuestro presente, con toda su hostilidad, con el halo de lo imprevisible y lo inevitable. El momento de lucidez de su director toma cada plano, a modo de radical filosofía, como una manera de buscar nuevas carreteras en las que transitar, nuevas formas de forjar el mito. Y en esa búsqueda a veces aparecen momentos que sobrecogen. La sorpresa sigue siendo posible. El cine sigue siendo posible. </strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://azulinarium.com/labutacaazul/wp-content/uploads/2011/12/Drive3.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-2785" title="Drive3" src="http://azulinarium.com/labutacaazul/wp-content/uploads/2011/12/Drive3.jpg" alt="" width="649" height="370" /></a></p>
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		<title>El Topo (Tomas Alfredson, 2011)</title>
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		<pubDate>Tue, 27 Dec 2011 16:25:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jonay Armas</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Han pasado tres años desde que Tomas Alfredson rodara la imponente Déjame entrar, pequeña, majestuosa y alucinada película que fundía la película de terror tradicional con otros géneros con una facilidad sorprendente y con el abrumador encanto del auténtico genio, a través de pinceladas sencillas pero estudiadas con una precisión poco usual.  Entonces, el director [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://azulinarium.com/labutacaazul/wp-content/uploads/2011/12/ElTopoA.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-2773" title="ElTopoA" src="http://azulinarium.com/labutacaazul/wp-content/uploads/2011/12/ElTopoA.jpg" alt="" width="649" height="370" /></a></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong>Han pasado tres años desde que <span style="color: #ffffff;">Tomas Alfredson</span> rodara la imponente <em><span style="color: #ffffff;">Déjame entrar</span></em>, pequeña, majestuosa y alucinada película que fundía la película de terror tradicional con otros géneros con una facilidad sorprendente y con el abrumador encanto del auténtico genio, a través de pinceladas sencillas pero estudiadas con una precisión poco usual. </strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong>Entonces, el director sueco sale de su país natal y se pone al frente de una película de grandes presupuestos, movido por el éxito de aquella, cercano a la sensibilidad de un cierto cine comercial inteligente y deseoso de poder concebir unas ficciones que le permitan cada vez mayores dimensiones. </strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong>Puede que el realizador no haya tenido nunca tanta suerte en su carrera como en el momento presente, en el que se encuentra con la adaptación de la novela <em>Calderero, sastre, soldado, espía</em> de John Le Carré, en tanto que se acerca tanto a su manera de entender y contar las historias que casi pareciera escrita por él mismo. </strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong><span style="color: #ffffff;">Tomas Alfredson</span> es un maestro cuando se trata de hablar del pasado. Puede que ningún cineasta vivo como él sepa filmar los momentos en los que todo ha ocurrido ya, con esa atmósfera cargada que dejan las grandes acciones, como si aún pudiese olerse el aroma a pólvora después de un disparo, o la reverberación de los gritos que aún temblase contra las paredes vacías. </strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong>Por eso su cámara empieza a rodar siempre justo después, permitiéndose unas elipsis tan grandes que escamotea continua y obsesivamente los instantes importantes y sólo registran su rastro. Un rastro que se filma con tal intensidad, tan pausadamente y con tal devoción por el detalle que la pasión de los tiempos muertos devora toda la trascendencia que pudiera tener ese pasado que nos niega su imagen.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong>Y por ese motivo la novela que aquí se adapta bien podría haber sido escrita por la pluma del propio <span style="color: #ffffff;">Alfredson</span>, porque su trama necesita viajar constantemente al pasado y estructurarse en forma de flashbacks de una manera casi obsesiva, y porque su protagonista sólo puede seguir la huella de aquello que ya ha acontecido. Tesoro en forma de guión para un autor que encuentra en el acto de reconstruir ficciones su mayor pasión. </strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://azulinarium.com/labutacaazul/wp-content/uploads/2011/12/ElTopo2.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-2756" title="ElTopo2" src="http://azulinarium.com/labutacaazul/wp-content/uploads/2011/12/ElTopo2.jpg" alt="" width="649" height="370" /></a></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong>Es entonces cuando este relato, en el que un miembro del servicio secreto británico a punto de retirarse trata de averiguar si existe realmente un infiltrado en la cúpula, encuentra sus mejores momentos precisamente en aquello que no muestra, en todo aquello que nos obliga a reconstruir porque nos hace llegar siempre tarde en el espacio y en el tiempo.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong>En esa decisión narrativa el autor asume una colección de arriesgadas consecuencias. El frío invernal no proviene de su estética, ni de sus localizaciones, sino de una cierta distancia tomada con sus personajes que se convierte en una barrera emocional, justo en un relato cuyo epicentro termina hablando de sentimientos verdaderos. Frío en tanto que se ruedan hechos dramáticos para los protagonistas bajo un planteamiento estético que sacrifica todo sentimiento de empatía con aquellos a los que retrata. </strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong>Puede que con esta nueva muestra del talento inabarcable de <span style="color: #ffffff;">Alfredson</span> para la dirección, se evidencie del todo la limitación que supone su obsesión por representar una época, y cómo en ese ejercicio de representación perfecta la propia historia acaba desdibujada. Ya sea recreando los años ochenta, como ocurría en <em><span style="color: #ffffff;">Déjame entrar</span></em>, o sublimando esa idea con la insuperable labor de resucitar espíritu y ambiente de la Guerra Fría, parece importar más el contexto que el relato, o al menos las imágenes se pliegan más al fondo nostálgico de resucitar una época que de ofrecer una narración. Imágenes con la constante obligación de aparentar inteligencia. </strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong>La dirección no es la única razón para admirar una película como <em><span style="color: #ffffff;">El topo</span></em>. Si ocurre algo remarcable aquí es el festín actoral que se propone, desde el papel principal de <span style="color: #ffffff;">Gary Oldman</span> hasta el resto de un reparto lleno de grandes nombres que poco tienen que envidiar a su protagonista. La creación de<span style="color: #ffffff;"> Oldman</span> es soberbia, pero impacta aún más el hecho de encontrarnos, por fin, ante la oportunidad que se le brinda al actor de desplegar todo su talento. No se trata de que sea éste un papel sobresaliente, se trata de que <span style="color: #ffffff;">Gary Oldman</span> siempre lo ha sido. </strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong>Pero a<span style="color: #ffffff;"> Tomas Alfredson</span> no le interesa el presente, sino el pasado. O al menos, sólo le interesa el presente en tanto que le ofrece la oportunidad de recoger las resonancias que deja el pasado. Es por ello por lo que los momentos de la película que sí ocurren en el momento presente y de los que sí somos testigos, apenas tienen un atisbo de intensidad, apenas consiguen acercarse a conmovernos de una u otra forma. Son sólo ecos, fantasmas a los que escuchamos como si se tratase de voces en la lejanía. </strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #6699ff;"><strong>La sublimación de una cierta filosofía narrativa no acaba conduciendo a la perfección artística, sino a la nada. El realizador no busca una evolución en su manera de contar las cosas, sino de sintetizarlas, de hacerlas cada vez más evidentes, menos funcionales. En esa búsqueda de perfeccionar el estilo acaba perdida su propia identidad. Tal y como ocurre en la historia, lo importante no es descubrir quién no está diciendo la verdad. Lo importante es descubrir que ya nada lleva consigo el valor de la verdad. </strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://azulinarium.com/labutacaazul/wp-content/uploads/2011/12/ElTopoC.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-2774" title="ElTopoC" src="http://azulinarium.com/labutacaazul/wp-content/uploads/2011/12/ElTopoC.jpg" alt="" width="649" height="370" /></a></p>
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