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Con un enorme vínculo con Adventureland, que escribiera y dirigiera Greg Mottola, también de reciente estreno y con el mismo actor protagonista, el mismo contexto y alguna temática común, Zombieland es sin embargo una película muy distinta de su casi homónima compañera.
El cine que propone Zombieland está recubierto de una superficie muy acorde a los tiempos en los que nace y muy consciente del público al que va a llegar: no hay duda de que se trata de una inefable comedia adolescente, son sangre, tiros, monstruos, comedia y romance en un cóctel normalmente no muy bien agitado.
La película sin embargo, muy a diferencia de sus coetáneas, sabe construirse con sencillez a partir de un comienzo arrollador, donde el joven Jesse Eisenberg hace recuento de las reglas que le han llevado a ser uno de los pocos supervivientes en un hipotético mundo, el nuestro, víctima de una plaga de zombies que afecta al mundo entero.
Hay no pocas resonancias en la película ganadora del premio del público en Sitges. Un argumento a todas luces banal que encuentra en la estupidez general del mundo real y en la mediocridad de la sociedad su mayor reflejo.
La película sabe construirse también con la fortaleza de utilizar con eficacia sus recursos, atesorando una originalidad e irreverencia sin pretensiones que se echan mucho de menos en el cine contemporáneo.
La visión refrescante y sencilla del filme, junto con su humor omnipresente, evita que los tópicos se apoderen nunca del relato que, eso sí, está construido sobre una estructura convencional que avanza en línea recta a través de unos planteamientos previsibles.
Lo que destaca sobremanera es su cuarteto protagonista, esbozados alrededor de unas pocas pinceladas. No son personajes pulidos con brillantez sorprendente, pero tampoco han sido concebidos como estereotipos. Se trata de entrañables caricaturas del personaje tipo que cada uno de ellos encarna a su manera, reforzados por la correcta interpretación (sí, hasta Woody Harrelson ofrece una buena actuación) de los cuatro actores correspondientes.
La absurdez de los planteamientos de Zombieland le ayudan a escapar de todas las reglas posibles. El humor gamberro (pero nunca de mal gusto) es el protagonista absoluto de la función, con su mejor secuencia cimentada en un portentoso cameo de Bill Murray, que no teme hacer de sí mismo en los mejores momentos de la película.
Soplo de aire fresco para el cine de consumo, que a través de un buen planteamiento y un mejor desarrollo, sabe sacar partido de las estructuras convencionales para ofrecer un producto que quizás no sea novedoso, pero sí que consigue mantener la sonrisa en el espectador durante todo el metraje. Y eso, en un mundo en crisis, supone un auténtico milagro.
December 29th, 2009
Categories: Críticas | Author: Jonay Armas | Comments: Comments Off |
Después de ‘El Juego de Hollywood’, de Robert Altman, y de pequeños exponentes del género que sobresalen como piedras preciosas, es difícil evaluar otra película que hable del cine dentro del cine con la misma mordacidad y mirada cínica con que lo hizo el maestro.
Si bien ‘Algo pasa en Hollywood’ pertenece también a este tipo de cine, buceando en los entresijos y las miserias del proceso de rodaje industrial, y funciona además como una comedia por sí misma, está lejos de la densidad de discurso y profundidad en el uso del lenguaje de sus compañeras.
Barry Levinson propone, en su enésima película-protesta, un relato sobre los bajos fondos de la producción en Hollywood, retratando la figura del productor como una pobre marioneta en manos de estrellas de cine caprichosas, problemas matrimoniales y una supeditación a la demanda popular que ahogan todo lo artístico que pueda tener su trabajo.
Robert de Niro, en otra creación estupenda de un personaje indefenso ante las complicaciones de su vida, interpreta a un personaje pasivo, ese productor que navega a la deriva en la mezcla explosiva de los problemas de su trabajo y los de su vida personal.
Que un gran elenco del star-system se haya prestado a participar en la sátira no es nada nuevo. Que lo haga Sean Penn, sin embargo, una de las caras más reconocibles de la organización del festival de Cannes, tiene mucho de autosatisfecho. La mirada cínica se convierte de pronto en una autocomplaciente crítica que se queda siempre en la superficie y que evita comprometerse demasiado con lo que trata de reivindicar. Se trata pues de la crítica más políticamente correcta jamás vista.
La frescura de Levinson en la dirección y la genialidad de De Niro en su interpretación, junto a la viveza y fluidez de su guión impiden que la película se estanque aún cuando su punto de partida sea esa condescendencia ridícula a la crítica más evidente del sistema hollywoodiense.
Película menor, pero también altamente disfrutable. Su reducido metraje, su fluidez narrativa y un par de momentos brillantes la colocan junto a ese pequeño olimpo en el que el cine es capaz de dialogar consigo mismo y sacar de nuevo reflexiones interesantes.
December 21st, 2009
Categories: Críticas | Author: Jonay Armas | Comments: Comments Off |

Avalada por su gran campaña condensada en una sola frase, Avatar pretendía “cambiar la manera de ver cine”, una revolución que no llega tras su visionado, sino tras lamentar que no haya sido ésta la primera película en 3D que se proyecta en las grandes salas de este formato.
Sí puede hablarse del filme de James Cameron como la primera película que utiliza el formato como otro elemento narrativo, no sólo añadiendo el impacto simplista de un espectáculo de circo, sino dotando el filme de profundidad, contextualizando las localizaciones, potenciando el efecto de inmersión en otro mundo imaginario, en definitiva creado un entorno lo más realista posible para una historia descabellada y fantasiosa que cobra forma real hasta un punto inimaginable.
He ahí la proeza narrativa de Avatar y su contribución a la cinematografía: el hecho milagroso de convertir en casi imperceptibles las diferencias entre realidad y ficción, entre personas reales y los efectos especiales que les rodean, entre los actores y los personajes diseñados por ordenador, más reales aquí que los propios humanos, pues la dirección actoral resulta bien mediocres en líneas generales y los detalles gestuales de los personajes digitales están cuidados hasta el mínimo detalle.
Aquí terminan los logros de la película, que no son pocos. Se trata en el fondo de una clásica historia de aventuras, de acción desmesurada tanto en tiempo como en cantidad, que no se plantea nunca límites a la hora de narrar los acontecimientos y que los solventa de una forma portentosa, superándose a sí misma visualmente conforme avanza su trama.
Es, en suma, la culminación de los sueños de cualquier cineasta: el poder crear un mundo propio e imaginario en el que todo ofrezca un aspecto realmente creíble y espectacular. Una historia que no ponga límites a la imaginación y que ofrezca con solvencia todo lo que la mente sea capaz de concebir.

Éste es, pues, el cine de James Cameron, el cine de la inmediatez, del portento visual, del más difícil todavía, una concepción del cine donde lo importante es crear situaciones dramáticas de interés llevadas a cabo y ejecutadas de la manera más espectacular posible, sin topes, dando siempre un paso adelante y evolucionando la forma en que se plantean retos narrativos y cinematográficos.
Un cine que da todo lo que promete, pero siempre con una cierta esterilidad que no consigue redondear una obra por otro lado y a todas luces sorprendente. Las escenas fuera del mundo alienígena, donde la clásica trama político-militar de los filmes de Cameron protagoniza buena parte del metraje, está tan pobremente rodada y peor interpretada que el contraste entre el altísimo nivel del mundo imaginario con el contexto real salido de cualquier filme de serie B sobre mata-marcianos resulta desastroso.
Es curioso admirar y alabar cualquier pequeño gesto de animación en los rostros de los personajes digitales. Las pobres interpretaciones, sin embargo, de sus compañeros de reparto de carne y hueso abocan la película a una descompensación continua que impedirá definitivamente que la cinta alcance su plenitud absoluta.

Mención especial merece Sigourney Weaver en un inadecuadísimo papel para ella de amazona científica aventurera, casi incapaz de cumplir las exigencias atléticas de su papel y de no evidenciar la laguna actoral del trabajo constante sobre un mundo imaginario, pero sería injusto no nombrar a sus lamentables compañeros de reparto.
Puede haber, sin embargo, un personaje mejor construido que Neytiri, esa suerte de nativa perfilada con la misma profundidad, ambigüedad y frescura con que Cameron ha dibujado siempre a sus personajes femeninos?
El mundo alienígena, sin embargo, una selva de infinitos colores tropicales, una explosión de color y de diseños de desmesurada grandeza que crean un mundo totalmente particular con una belleza estética y visual y un realismo apabullantes, está conseguido con una perfección abrumadora.
La paleta de colores, esa gama cromática que se antoja perfecta en su búsqueda de la belleza exótica, y la perfección latente en la animación de todas las criaturas que pueblan ese mundo soñado por Cameron y donde cada detalle es traspasado a la pantalla con una genialidad absorbente, son los platos fuertes de una cinta que no se amedrenta ante la simpleza de un guión que en el fondo no deja de beber de fuentes tan clásicas en esencia como la historia de Pocahontas y todos los tópicos posibles del cine de aventuras.
Porque cómo puede hacer un argumento clásico, un desarrollo convencional y que nunca se arriesga a lo largo de tres horas de metraje frente a esa avalancha arrolladora que supone la proeza visual con la que nos encontramos?

Estaríamos hablando ahora de una absoluta obra de arte. Los convencionalismos narrativos y la falta de riesgo impiden que Avatar sea algo más que una proeza visual, pero la película no busca eso. Busca contar la historia de aventuras definitiva, un espectáculo pirotécnico sin parangón y el milagro de hacer posible que toda concepción creativa sea capaz de traducirse en la pantalla con la misma intensidad y realismo visual con la que fue esbozada.
James Horner tiene también buena culpa de que el filme incline su balanza hacia la frontera de lo convencional, al ofrecer una partitura plana y sin personalidad, como es habitual en él desde hace más de diez años. Percusión profusa y uso continuo de sintetizadores en una banda sonora reciclaje de muchos de los temas de su carrera.
Salvo unas pocas excepciones, el Horner de la última época sólo es capaz de ofrecer lo que aquí: unas fanfarrias espectaculares y unos momentos de acción atronadores, pero incapaz de ofrecer un hilo conductor coherente o mínimamente interesante ante una historia que rebosa acción y aventuras pero que también atesora hermosos momentos de intimidad, momentos en los que el compositor se muestra apagado y carente de creatividad, todo lo contrario que su director.
El alcance de Avatar es aún de difícil medición. Sus consecuencias, sin embargo, son inmediatas. Hoy por hoy es imposible conseguir un resultado mejor para contar una historia repleta de fantasía. Se trata de la epopeya definitiva, de la sublimación del cine del puro entretenimiento, de una leyenda contada de una manera perfecta dando vida a una imaginación sin fin. Y en eso, James Cameron es el mejor director que existe.
December 18th, 2009
Categories: Críticas | Author: Jonay Armas | Comments: Comments Off |

El imaginario de Spike Jonze siempre se ha movido a caballo entre la imagen publicitaria y lo puramente cinematográfico. La estética del videoclip marcó a su generación de cineastas, y su cine nunca se ha despojado de ese aspecto visual desgastado y desencajado, buscando planos preciosistas en un caos estético
A pesar de haber gozado del favor de los que frecuentan las altas esferas del cine independiente, los resultados del director no siempre han sido brillantes, y ésta, su primera película sin la colaboración de Charlie Kaufman como guionista, resulta un fallido acercamiento infantil que toma un mensaje tan ambiguo como en última instancia descafeinado, incapaz de definirse.
La adaptación literaria de una novela engañosamente infantil, que aquí toma la, en apariencia, inocente forma de cuento, queda esbozada con trazo muy grueso para ilustrar un fresco y rabioso retrato de la infancia, que reivindica el placer del juego, el gozo de un sano caos momentáneo, la búsqueda de la diversión sencilla y los pequeños placeres.
Que el diseño y la ejecución del conjunto de monstruos queden supeditados a un estilo retro que recuerda a las marionetas de hace treinta años no dota de incredulidad al relato, sino todo lo contrario: lo sumerge en la imagen de un mundo paralelo que sólo tiene lugar en la imaginación del niño protagonista, un imaginario troquelado y artesano que se cimenta en los valores que abrazan la infancia y la amistad para construir una historia entrañable.
Lo que respira en la película de Spike Jonze es la enorme sensación de libertad, de la ausencia total de reglas, y aún así en ningún momento la ausencia del orden o la estabilidad. No hay caos alguno, sólo la plena libertad de ser quien quieras ser junto a las personas que te han aceptado y que también están en búsqueda de sí mismos.
Una libertad llena de rabia contenida, que evoca unas resonancias que convergen en ‘El Graduado’, aquella libertad rabiosa e ingobernable que dibujaban a un personaje lleno de valentía en un mundo lleno de miedos, una resonancia que encuentra aquí a un equivalente diminuto, un niño con deseos de reinar en un mundo olvidado tras sentir que ha perdido la corona en el mundo que por derecho le correspondía.
Lástima que el relato abierto de Jonze sea incapaz de encontrar nunca su público: demasiado infantil para el público adulto, demasiado aterradora para el público infantil. Lástima que tampoco sea capaz de definir con coherencia y decisión su mensaje: demasiado disperso, demasiado descafeinado, centrada siempre en la difícil tarea de mantener como real frente a los ojos del espectador un mundo imaginario construido a partir de unas pocas pinceladas.
December 18th, 2009
Categories: Críticas | Author: Jonay Armas | Comments: Comments Off |

Hermanada con la reciente Lluvia de Albóndigas en cuanto a contenidos y calidad, Planeta 51 puede presumir de todas las carencias que también acusa enormemente su competidora. Se trata de una loable coproducción en la que hasta seis productoras han unido talentos y esfuerzos con un resultado irregular.
Ciencia-ficción y costumbrismo histórico se unen en una premisa original y con un potencial absorbente que no cumple sus expectativas en ningún momento. La linealidad de un guión insustancial y la falta de riesgo narrativo ponen en peligro la película hasta el punto de convertirla en un producto con muy poco interés.
Es muy probable que el público infantil disfrute con el curioso intercambio cultural entre dos razas diferentes y que nunca es aprovechado del todo (ambos hablan el mismo idioma, tienen los mismos valores y piensan de la misma manera), acaba resultando una comedia tópica y banal, donde el aspecto visual es el único aliciente hasta que poco a poco, a través de la comparación con otras obras de animación recientes, ni siquiera ese elemento resulta de primer nivel.
Quizás el localismo afecte positivamente a esta cinta, alabando el loable esfuerzo de personas de nuestro país trabajando para compañías foráneas, esfuerzo que también realizan todos los animadores del resto de películas que no reciben ningún trato de favor en el análisis de sus productos.
Como tal, conviene señalar a la realidad por su nombre y advertir que se trata de una película mediocre, centrada en el público infantil y con muy poco interés narrativo.
Cuando las premisas interesantes y las buenas ideas acaban en guiones tan burdos y lineales, ni la mejor animación será capaz nunca de darles vida.
December 11th, 2009
Categories: Críticas | Author: Jonay Armas | Comments: Comments Off |

Desde que aquel histórico Toy Story sorprendiera al mundo con su capacidad de representación tridimensional animada en un largometraje y (sobre todo) su conquista de la taquilla, no pocos estudios han tratado de acercarse a un plato tan del gusto de las grandes productoras.
‘Shrek’ y otros sucedáneos más lamentables ya coparon las ansias de Dream Works y otras filiales, pero la pionera Pixar siempre ha estado, tanto en técnica como en contenidos, a mucha distancia de sus competidores.
Hay en Pixar una capacidad de emoción, de trenzas historias, de asumir las ficciones del público y trasladarlas a la pantalla, acogiendo el eslabón entre lo que es imposible de narrar a través de la realidad y haciéndolo a través de la recreación animada, que no tiene ninguna otra compañía.
Es justo lo que no tiene ‘Lluvia de Albóndigas’, un producto prefabricado que, como tantos otros, se abrazan a la segunda división animada y a la eficacia del marketing de las majors para tratar de arañar lo máximo posible en lo económico.
Lo que queda es, pues, una cinta descafeinada con un argumento tan banal y previsible que seguramente ni siquiera capte la atención de los más pequeños. (Ese es otro error: mientras las películas de Pixar abarcan todo el espectro de edad, los sucedáneos sólo tienen la pobre capacidad de atrapar la atención del público infantil).
Sony equivoca sus objetivos y pierde la batalla antes de librarla: el público adulto está tan acostumbrado al cine de animación como género, que se convierte por derecho propio en el mayor objetivo posible, un objetivo que ‘Lluvia de Albóndigas’ margina sin piedad desde su mismo comienzo.
Aunque de impecable factura técnica, de colorido fastuoso y con algunas pinceladas de humor original, el mal gusto implícito en el aspecto visual de la cinta (el propio argumento se presta a ello, con comida monstruosa por todas partes) y la banalidad narrativa de un argumento nimio y simplón relegan la película al montón, a ese cada vez más enorme grupo de películas que tratan de emular a sus referentes y su inútil intento acaba convirtiéndose en un insulto al espectador.
December 7th, 2009
Categories: Críticas | Author: Jonay Armas | Comments: Comments Off |

Víctima de la ola adolescente que sufre el movimiento ‘indie’, tipo de producción que acaba irrisoriamente convertido en género cinematográfico, ‘Adventureland’ atesora todas las virtudes y defectos de este nuevo cine que poco tiene que ver con las películas que iniciaron el movimiento y mucho de lavado de cara de la clásica comedia americana.
Perfectamente rodada y montada, la película de Greg Mottola es la prueba de que no sólo las grandes superproducciones hacen gala de una esterilidad narrativa que simplifica con patetismo los argumentos de los filmes en la premisa inicial y los abandona a la deriva.
Se trata en suma de una comedia adolescente que viaja con valentía pero con demasiado pudor a un parque de atracciones donde la ilusión es la última de las cosas que podrían encontrarse en un lugar desolado, donde el paso a la madurez ha hecho mella en unos jóvenes frustrados y sin perspectivas que se abandonan a sus propias tragedias.
Aquí termina lo interesante, pues el dibujo está hecho con trazo grueso y cada vez que podría aparecer una película interesante en las historias independientes de sus personajes secundarios, la película da un giro y vuelve la mirada para interesarse por nimiedades que pretenden aportar humor y variedad a una película que finalmente no encuentra su sitio, ni su identidad, ni su mensaje.
Resulta valiente la apuesta, acertada la idea inicial, loable el intento de que un joven con valores trate de dominar una cinta adolescente. Pero justamente su personaje es el peor diseñado y su historia hace aguas por todas partes. Sólo las peripecias grotescas que ocurren a su alrededor mantienen vivo el insulso argumento.
Excelente interpretación de Kristen Stewart y mención especial también para ese dueño del parque realista y pragmático pero también apasionado (el único personaje bien diseñado que protagoniza en total unos cinco minutos en la pantalla), ambos perdidos en un mar de actuaciones planas que atrapan a la película en su propia apatía.
No provoca ninguna ira ver otro producto adolescente perfectamente ejecutado pero horriblemente escrito. El paso a la madurez a través de un relato que celebra la inmadurez? Quizás dé más rabia el saber la gran película que hubiera podido ser si dos, tal vez tres cosas, hubiesen sido distintas.
December 6th, 2009
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Chris Weitz fue el responsable hace ahora tres años del descalabro de New Line Cinema con su dirección del proyecto La Brújula Dorada, defenestrada por el público que se había cansado en aquella época de las sagas épicas y las franquicias interminables.
El director retorna al primer plano de la actualidad con, posiblemente, el plato más suculento para un director hoy en día. Una secuela muy esperada, una película que no concibe el fracaso, respaldada por una legión de fans que no llegan a la mayoría de edad y que posibilita que sea este cuento de dudoso interés la franquicia más exitosa de todas las que ha poblado esta década, rica en la falta de riesgo empresarial y amante de los valores seguros con las sagas de tres (o más) entregas.
Es precisamente ese éxito el que permite que Luna Nueva se conciba con mayor libertad que su predecesora. También con muchos más medios, efectos especiales de impresión, mucho más planificada, pensada, diseñada, medida, casi milimetrada para no defraudar a sus seguidores y continuar manteniendo la expectación.
Desde luego la historia gana muchos enteros esta vez. Ya no se trata de una historia de amor lacónica y abrumadoramente cursi sobre un chico vampiro y una chica inadaptada que encuentra en el joven atractivo la manera de escapar de su realidad. Se trata de un retrato de la pérdida del amor y de los infiernos por los que un ser humano es capaz de transitar en ese estado donde el sufrimiento lo conduce a actos impropios de sí mismo.
Que la película se permita ese nivel de oscuridad, de profundidad y de desarrollo, con los fantasmas (en este caso, literales) del amor pasado que aparece y reaparece para dar cuenta de la infelicidad del hoy y la imposibilidad del ayer resulta, como mínimo, más valiente que cualquier película con el público adolescente como espectador objetivo.
Lástima que este tipo de filmes también necesiten siempre desembocar en resoluciones simplonas y condescendientes, y buena parte de las complejidades que ha sido capaz de construir queden diluidas por el deseo de regresar al cuento de hadas tan llano y popular que termine reivindicando su vulgaridad a gritos casi sin quererlo.
Que nadie espere una película profunda y emocionante. El material sigue siendo el mismo: literatura barata que mezcla géneros a su antojo sin ninguna piedad, que desarrolla hilos previsibles con la ingenuidad de quien crea una obra maestra, todo ello cimentado en una historia de amor de interés incierto.
Luna Nueva tampoco renuncia a explotar los elementos que la han convertido en lo que es: las caras bonitas. Planos en cámara lenta para presentar a los personajes principales, música pop omnipresente en todas las escenas, casi nunca con interés ni con utilidad narrativa, sino como meros pastiches comerciales, planos deliberadamente centrados en los cuerpos de los actores… en definitiva un espectáculo circense destinado a satisfacer a las masas y sus incontables exigencias.
Aguirresarobe, consagrado ya como uno de los mejores fotógrafos del mundo, se muestra aquí poco dado a acometer riesgo alguno. La incapacidad narrativa de Chris Weitz también tiene mucho que ver. La iluminación y la estética del filme son perfectas, no así una perezosa puesta en escena y unos previsibles encuadres, propios más de la televisión que de un filme de este calibre.
Alexandre Desplat no es Carter Burwell. Aunque el compositor francés ha hecho en los últimos cinco años algunas de las mejores bandas sonoras de Hollywood de los últimos tiempos, Luna nueva parece no interesarle demasiado. La partitura resulta tan opaca y poco interesante como la dirección o la fotografía. Todos los elementos artísticos resultan funcionales y competentes, pero ninguno destaca en su apartado, como si el miedo al riesgo o la apatía reinante se apoderasen de todos los grandes nombres que trabajan tras la cámara.
Sorprendente segunda entrega de la saga Crepúsculo, que mejora con creces respecto a la anterior, que aborda temas interesantes bajo una óptica generalmente infantil, que mejora considerablemente en su tramo final, cuando el trasfondo vampírico muestra sus entrañas y la historia de instituto queda enterrada bajo el subsuelo de una trama, al menos, digna de ser vista.
December 2nd, 2009
Categories: Críticas | Author: Jonay Armas | Comments: Comments Off |
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