Mi canción de cuna

Me estaba agobiando en mi habitación, esperando sin saber, sin saber quién vendría, qué pasaría, esperando, ¿esperando a qué? Esperando a que pasen las horas, que llegue mañana, que la gente salga de sus habitaciones que empecemos a vivir, que empecemos nuestra nueva vida, pero yo no sé esperar, esperar me provoca ansiedad, yo no sé esperar, ya me lo dice siempre mi madre, que no esperé ni para llegar a este mundo por eso nací una semana antes de los siete meses.

No podía dormir, no podía esperar, tenía que salir de mi pequeña habitación, cogí el CD quita-ansiedades, pero no tenía dónde ponerlo, asi que me atreví a salir de mi pequeña habitación, recorrí los oscuros pasillos de la residencia sin ninguna noción de dónde iba a parar, ni siquiera si iba a saber volver, pero la necesidad de poner mi cd era mucho mayor, cada vez mi ansiedad era más intensa y más profunda y sabía que sólo ese cd iba a sacarme de allí.

Al final encontré una sala vacía, solo una mini cadena y mucho espacio, era perfecta, ¡por fin! Puse mi disco, mi canción de cuna, la que me ponía mi padre cuando me ponía nerviosa, me enfadaba o no comía, y Bach empezó a sonar, llegó hasta la última célula de mi cuerpo, cerré los ojos y me dejé llevar, con cada nota mi ansiedad se desvanecía dando paso a una profunda sensación de serenidad y placer. A mitad de “mi pieza” noté que alguien me miraba pero extrañamente no me importó, estaba demasiado metida en mis sentimientos.

Cuando terminó, yo había cambiado, ya podía empezar a vivir en esta extraña residencia. Le pregunté a mi observador que le había parecido, me enteré que se llamaba Leopoldo, me encantó el nombre, así que decidí que me iba a caer bien, al final hemos pasado gran parte de la noche hablando, casi me ha convencido para apuntarme a clases de literatura contemporánea.

Gracias a Bach y a Leopoldo mis días en la residencia han cambiado.

 


Tu comentario

Writing Blogs - BlogCatalog Blog Directory