No es la primera vez que estoy en Madrid, pero nunca había vivido aquí. Así que decidí que no sería mala idea salir a pasear un rato para empezar a sentirme parte de esta ciudad.
En la residencia las paredes de mi habitación comenzaban a parecerme una cárcel y el sonido de la fiesta que comenzaba no mejoraba la situación. Además con todos los cambios parece que mi inspiración está bloqueada. Ayer pasé dos horas delante del ordenador intentando lidiar con un sinfín de imágenes de un trabajo que comencé antes de venir aquí y que ahora no me dicen nada. No son más que imágenes vacías sin historia, no tienen nada que contar.
Anoche intenté solucionarlo y bajé a la sala de proyección, pensaba que ver mis videos en pantalla gigante, de madrugada, donde sabía que nadie podía molestarme, me ayudaría a recuperar la inspiración, pero no fue así. No ha servido de mucho.
Y encima toda esa gente organizando una fiesta e intentando hablar unos con otros, conocerse, contarse historias estúpidas sobre sus vidas y subiendo el volumen de la música, sólo consiguió aumentar la sensación de claustrofobia de mi habitación.
El paseo de hoy por el Retiro ha sido bastante más productivo, la primavera ha llegado y se siente en el aire. Se puede pasear por los rincones del parque sólo preocupándose por escuchar los ruidos de los urbanitas intentando disfrutar de un casi día de campo. No tienen ni idea, pero me fascina su ingenuidad y su conformismo.
A ver si eso me devuelve la inspiración.