Conociendo a mis compañeros

El primer objetivo que me había propuesto al llegar a la residencia era conocer a todos sus miembros. Estaba convencido de que lo más interesante de este proyecto iba a ser el intercambio de ideas. Así que nada más llegar me informé de los cursos que se impartían y me llamó la atención un seminario sobre técnicas audiovisuales.

El profesor encargado de dirigir el curso era un tal Yanes. Pregunté en dónde podía encontrarlo y me dijeron que seguramente estaría en el aula de cine. Lo encontré sólo en la sala y me encaminé hacia él dispuesto a presentarme.

Antes de que pudiera hablar me interrumpió bruscamente diciéndome que la primera clase estaba a punto de empezar y que tomara asiento a su lado. Las luces de la sala se apagaron y la película comenzó a proyectarse.

Pensé que aquel no era un buen comienzo pero sin duda era la mejor manera de inaugurar un curso sobre cine. La película elegida por Yanes fue “El cant dels ocells” de Albert Serra. Reconozco que durante los primeros quince o veinte minutos estuve a punto de abandonar la sala. Por un momento sentí que el director de la película y Yanes se habían puesto de acuerdo para tomarme el pelo.

El argumento principal de por sí no llamaba en nada mi atención: la visita de los Reyes Magos al niño Jesús, pero además la forma de narrar la historia era completamente insólita. Los personajes apenas hablaban y todo era una sucesión de planos interminables que seguían la penosa andadura de los reyes en su camino hacia el portal de Belén, por unos paisajes abruptos y escarpados.

Sin embargo, poco a poco fui venciendo mis reticencias. Observaba de reojo a Yanes y lo veía completamente absorto en la película, parecía paladear cada una de las escenas. Sus ojos eran los ojos de un niño que mira las cosas sin el velo de los prejuicios. Y entonces me dejé llevar por la película y comencé a disfrutarla. Poco a poco iba anotando los apuntes de esta primera clase en mi mente.

Uno se asoma a cualquier obra de arte e interpone el canon, y ya parece que nadie puede hacerlo mejor que Cervantes, Picasso o Godard. Pero cada artista debe enfrentarse a su tiempo y romper las normas y sobre cualquier otra cosa estar convencido de que todo está aún por hacer.


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