Acabo de llegar de la cocina. Esto comienza a convertirse en una rutina un tanto estúpida pero no me queda otro remedio, al menos hasta que consiga solucionarlo no puedo estar en la habitación en torno a la medianoche. Bueno, poder puedo, pero no quiero estar. Y a esta hora la cocina es el único lugar donde no hay absolutamente nadie, en la cafetería aún queda gente jugando a las cartas o bebiendo cervezas y fumando porros, el salón los días de fútbol como hoy todo parece una leonera y cuando no hay fútbol siempre hay alguien que desconecta del mundo con alguna película o alguna serie y deciden de repente preguntarte qué tal la vida. Simplemente no me apetece.
Por suerte, en esta residencia mucha gente pasa de lo que hagan los demás, pero siempre están los entusiastas por relacionarse. Julia me ha parado hoy por el pasillo para invitarme a su habitación a probar no se qué licor ruso. No sé qué le habrá picado a esta chica para llegar aquí con ese entusiasmo por conocer gente, pero al fin y al cabo, es alcohol -espero que de calidad- y gratis. A lo mejor me paso. Aunque le he contestado simplemente que creía que no podría.
Por otro lado, yo creo que la gente debería preocuparse más por las asignaturas y dejar de preocuparse por hacer amigos que no van a durar ni dos semanas. La verdad es que la clase de Creatividad en las Nuevas Tecnologías me está gustando bastante, sobre todo porque el profesor ha hablado sobre la historia del videoarte. Éste profesor también está mal de la cabeza, pero en el buen sentido, Javier muestra tanta pasión por lo que enseña que parece que está haciendo promoción de algún hijo suyo o algo así. No debería gustarme, pero me gusta, creo que voy a llevarme bien con él. Hoy Javier ha hablado sobre el coreano Nam June Paik. Hasta ahora Paik sólo me parecía un niño grande al que le gustaba inventar juguetes raros, incluir cámaras en cualquier lugar imposible como un balón de fútbol o tener la vergüenza justa para escandalizar con “Sinfonía para penes jóvenes” en el año 1962, nada menos. Vamos, visto desde fuera parece uno que quería hacerse famoso escandalizando al mundo.
Pero hoy he descubierto que la obra de Paik fue mucho más que eso. Junto con Vorstell fue uno de los primeros reaccionarios contra la televisión como medio de comunicación que estuvo profundamente influenciado por las teorías de Mcluhan (ése señor que tanto nos hicieron estudiar en la facultad). Paik pasó de destruir televisiones a utilizarlas como instrumento artístico, como base de su arte, siempre desde el punto de vista crítico del medio de comunicación en sí y el papel del espectador pasivo. Buscaba en la creación de videoarte, un reencuentro con lo bello, que consideraba perdido en la televisión. Un músico, reconvertido en videoartista.
Quizás esto me sirva para mi obra, esa que tengo a mitad y que soy incapaz de terminar. Ahora ya tengo la idea, pero sigo sin saber cómo definir el mensaje o si realmente necesita más mensaje que las propias imágenes. A veces “el medio es el mensaje” en sí mismo.
Jefferson Pastorius dice:
En ocasiones, también el mensaje es un medio, para contar muchas otras cosas que se nos escapan de nuestra conciencia… Enhorabuena por el texto
Apr 08, 2009, 3:31 am