El otro día en clase nos pidieron que escribiesemos sobre Kafka. Apenas he leído nada de él, pero he intentado algo.
Cuando nací, mi madre pensó que yo era uno más. No noto ninguna diferencia en mi organismo con respecto al resto de los seres de mi familia. Es más, como toda madre, pensó que mis atributos tenían una relación visual directa y comparativa a los de mi padre. Yo no me acuerdo, pero sí, supongo que nací normal.
En la adolescencia noté mis cambios. “Hormonas” dijo mi madre. Mi padre callaba. Yo no lo veía claro.
Entonces empecé a crear mi crisálida, preparando mi cambio.
Mi madre pensó que era propio de la adolescencia. Mi padre golpeaba la puerta de mi habitación.
Cuando salí de mi habitación la metamorfosis ya se había producido. Mi madre gritó y se desmayó. Mi padre, con lágrimas en los ojos, fue en su ayuda.
Yo salí volando de allí.