Esta semana por fin he conseguido descansar y dormir a pierna suelta. Y he vuelto a sentirme en casa en mi habitación. Quizás sea porque una disfruta de las cosas que tiene cuando las pierde, pues igual con las habitaciones cuando pasas una noche fuera de la tuya, puede que eso te haga echarla de menos y volver a sentirte cómoda en la propia. Quizás sea porque al fin encontré el reloj que daba las campanadas por la noche y no tengo que huir a la cocina cuando se acerca la medianoche. Los ruidos no han cesado, pero ahora ya puedo volver a pensar que tienen una explicación real, lógica, como todo en esta vida, como el reloj que daba las campanadas.
Al principio pensé que lo soñaba todo, que no podían sonar unas campanadas sin reloj ni iglesias cercanas, y eso unido a los ruidos extraños me hacía sentir realmente mal. Supongo que me recordaba viejos tiempos. Menos mal que no se me ocurrió decirle nada a ninguno de éstos porque se habrían reído bastante, al menos sigo siendo lo bastante coherente como para no montar escenitas con chorradas que sé que en el fondo puedo solucionar yo sola.
Aunque la otra semana tuve un ataque de pánico y ansiedad, y nunca me había pasado algo así, pero nadie me vio. Bueno, nadie que pueda reconocerme hoy, ni mañana, ni ningún día porque no pienso darme por aludida.
El reloj estaba en la segunda planta, junto a una habitación en la que había un violonchelo en la puerta, la gente es demasiado confiada en esta residencia, cualquiera puede ya no llevárselo pero sí romperlo de una patada.
Estaba. El reloj, digo. Lo he cambiado de sitio y lo he puesto al otro lado del pasillo, quizás así sólo lo note la persona que esté en una habitación como la mía pero en el otro lado. Aún así, no creo que haya muchas personas en mi planta, no suelo cruzarme con nadie por suerte y los nuevos están en la primera planta donde no pueden molestarme, es una de de las ventajas de haber conseguido esta habitación con vistas a los tejados de Madrid.
Esta noche saldré a averiguar quién es el que está haciendo esos ruidos tan molestos para presentar una queja en recepción, ya pasé las últimas semanas bastantes noches en vela y huyendo para no sufrirlo. Ya está bien.
Aunque no sé si me harán mucho caso, aún siguen intentando averiguar qué ha pasado con una de las chicas que tenía que entrar en la misma época que yo y están bastante histéricos, temen que le haya pasado algo.