Ya era demasiado tarde: uno de los chicos había dado la alarma, y una de las ambulancias del hospital mental se dirigía hacia aquí.
Agarré con fuerza a Leopoldo y me negué a dejarlo marchar. Los demás intentaron que lo dejase en la cama. “Este hombre está más cuerdo que cualquiera de nosotros!”, grité con todas mis fuerzas. Entonces soltaron mi ropa y se quedaron inmóviles escuchando a Leopoldo en su delirio, repitiendo constantemente ’soy Miguel’.
No había ningún Miguel Ángel en las paredes, sólo un Miguel de Cervantes, y es posible que su locura hubiese ido tan lejos como para creerse a la vez ingenioso hidalgo y su propio creador. Por un momento dudé sobre lo que iba a hacer a continuación.
Pero si se llevaban a Leopoldo sabía lo que pasaría: nunca podría regresar, ni a éste ni a ningún otro centro, sería estigmatizado de por vida y posiblemente aplicarle un tratamiento empeoraría su estado.
Me giré hacia Dorothy, hacia Elisa y hacia su compañero, que aún estaban allí. Algunos chicos más miraban desde la puerta entreabierta de la habitación.
“Si alguien quiere ayudarme, que venga conmigo a la entrada. No voy a dejar que Leopoldo se marche.”
Bajé las escaleras mientras algunos estudiantes me seguían e intentaban convencerme de la locura que estaba haciendo. En cada una de sus frases, locura y realidad siempre eran puestas en duda. Yo creía tener clara la verdad, o al menos mi verdad, y sabía que Leopoldo no estaba loco. Sólo había que hacerle entrar en razón, y eso no lo haría ningún hospital, sino nosotros, sus amigos.
Llegué hasta la entrada de la residencia. Desde allí ya podían verse las luces de uno de los coches que se acercaban al recinto. Había caído ya la noche cerrada y empezaban a caer también algunas gotas de lluvia. Se fue congregando alrededor mío cada vez más chicos y chicas de la residencia. La mayoría ya sabía lo que pasaba.
Cuando apareció el coche por fin, y aparcó frente a la puerta, las charlas sobre el arrepentimiento se desvanecieron y comenzaron los gritos de ánimo. Por primera vez escuchaba mi nombre en alto desde que puse mis pies en la residencia. Por primera vez alguien me alentaba a seguir luchando por aquello en lo que creía.
Del coche salió todo un regimiento de hombres de blanco, portando una camisa de fuerza con aspecto amenazante. Una chica me dio su mano y estiramos los brazos frente a la entrada. Otro chico hizo lo mismo con mi otro brazo, y pronto comenzó a formarse una enorme columna humana que impedía el paso.
Los hombres de blanco avanzaron dispuestos a romper la formación. Yo grité, entre la lluvia y el miedo, grité de nuevo con todas mis fuerzas: “Aguanten!”*
Cuando el choque entre las dos fuerzas parecía inminente, cerré los ojos esperando poder soportar la confrontación. Era la primera vez que peleaba con alguien en toda mi vida.
Pero entonces oí gritos de terror y vi una sombra saltar desde el segundo piso hasta nosotros, quedando por delante de nuestra columna. Era Dorothy, que había bajado desde la habitación de Leopoldo portando un bokken en sus manos y amenazando con atacarles.
Los hombres de blanco retrocedieron ante Dorothy. Ninguno de nosotros hizo un solo movimiento, la lluvia no hacía más que aumentar y convertir la escena en una estampa onírica.
Finalmente la columna de los hombres de blanco se separó en dos, y dejaron pasar a un médico con actitud humilde que levantaba las manos en son de paz.
El novio de Elisa miraba desde la puerta, incrédulo ante lo que estábamos haciendo, mientras una sonrisa de burla se dibujaba en su cara y en la de sus amigos.
Aquella imagen me decepcionó enormemente. Fue entonces cuando miré mi mano izquierda, y al fin me di cuenta de que quien sostenía mi brazo era ella. Y sus ojos se cruzaron con los míos, una vez más.
* n. del t. :Segunda persona del plural del imperativo del verbo Aguantar, debido a la derivación canario-isleña del autor del texto.
Davinia dice:
¿Es que hay algún tipo de canario que no sea isleño? Para presentarle mis respetos más que nada…
May 14, 2009, 2:47 amJefferson Pastorius dice:
Aquí es donde entro yo en acción!
May 14, 2009, 7:10 amYanes dice:
El tío currándose el post, y la Davinia siempre impertinente con el humor inteligente.
May 14, 2009, 7:14 am