Esta semana ha sido intensa, pero que muy intensa, sigo en mi remolino de emociones y descubrimientos y disfruto de cada momento, todo es nuevo y todo por fin es para mi.
He asistido a mil clases, sí la verdad es que no me había inscrito en ellas, pero siento la necesidad de probar, probar y probar y sobre todo no quiero perderme nada asi que he ido pasando por una parte de la diversidad de la residencia, las clases de literatura por fin me han captado, “el hombre invisible”, me encanta, ¿quién no ha deseado alguna vez ser invisible? Tengo muchos recuerdos de cuando era pequeña, cuando mis hermanos y yo cambiábamos una y otra vez de ciudad, de amigos, de colegio y yo cada vez deseaba ser invisible, primero para que mis padres se olvidaran de llevarme y luego para que en el sitio nuevo me dejaran en paz.
Y luego las sesiones de cine, están siendo una liberación en la residencia, yo no conozco la mayoría de las películas que proyectan o al menos eso me digo, vuelvo a ve cada película como si fuera la primera vez que la veo, y al final siempre creo que es la primera vez que la veo. El otro día fue fascinantes, el profesor consiguió crear un ambiente lleno de magia, perfecto para disfrutar de la película, y perfecto para nosotros, justo a mi lado había una pareja, me llamó la atención, no era una pareja como el resto, ella parecía disfrutar profundamente de aquella sesión, él en cambio disfrutaba de estar con ella, dudo que mirara algo de aquella película, sólo miraba a aquella chica morena, de coleta alta y ojos inmensamente felices de ver esta película en la que quizás Pocahontas le recordaba…. a ella.
De repente me acordé de un libro, uno de tapas amarillas, no sé si era de mi abuelo…. Tenía que buscarlo, sé que lo tarje, ¿dónde lo he puesto?